Sáb. Jul 2nd, 2022

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Paz ante el sufrimiento

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El sufrimiento es parte de la existen­cia, y la vida de la Santísima Virgen estuvo profundamente marcada por el dolor, sin embargo, en su pa­decimiento fue capaz de hacerlo con entereza, enseñándonos que detrás de ca­da sufrimiento hay una historia de amor, en ex­celsa poesía lo expresa Francesco Petrarca que el “sufrimiento es alivio del dolor” (Cancionero núm. 139)

De estos dolores, uno en particular, destacan los mariólogos: el dolor de una nueva soledad, que se resume en la “soledad tremenda que de­ja la muerte de un ser querido que ha estado a nuestro lado; agregan, ni “la fe, ni la confianza, ni el amor de María se vinieron abajo ante esa nueva manifestación incomprensible de la vo­luntad de Dios; creyendo, confiando y amando supo esperar la mayor alegría de su vida: recu­perar a su Jesús para siempre tras la resurrec­ción”.

Se trata de la paz que como bien no hay otro igual, de una paz que invita, a que “apren­damos de María a llenar el vacío de la soledad que nos invade tras la muerte de nuestros se­res queridos, a llenarlo con lo único que puede llenarlo: el amor, la fe y la esperanza de la vida futura”.

Un fragmento de una elegía acróstica de un monje-sacerdote maronita llamado Pa­dre Stephan que vivió en Roma en 1729 sobre el dolor de la Virgen María en la separación de su hijo amado lo explica así: “Su corazón de ma­dre no retiene sus penas, aunque esté luchando contra el destino, una y otra vez repasa su histo­ria de aceptación, y vuelve al inicio de su bende­cida maternidad”.