Sáb. Jul 2nd, 2022

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Venderse por un plato de lentejas

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El bien que cada uno pueda haber hecho en la vida es la mejor forma de examinar su conciencia. Pocas son las personas que entran dentro de su conciencia y la interrogan, olvidando, como ha expresado más de un pensador, que la conciencia es la presencia de Dios en el hombre. 

Lo anterior lleva a citar el Génesis 25, 37-34 cuando Jacob propuso a Esaú vender su primogenitura, pidiéndole jurarlo, a lo cual, contestó que no le importaba, jurándolo, y vendiéndola a cambio de pan y un guiso de lentejas, que luego de comer y beber se levantó y alejó.

Venderse por un plato de lentejas tiene como moraleja, por una parte, referido a los que malbaratan a cambio de nada su conciencia por una necesidad; por otra parte, del oportunista sin personalidad que acecha el que considera mejor momento y más conveniente para tomar una decisión.

Lo anterior, deja también dos lecciones, “el que se une en amistad o negocios con un sinvergüenza o un delincuente es su consocio”; y, “cuando los malos entran en combinaciones o componendas, los buenos deben asociarse; de otra suerte sucumbirán uno por uno en un sacrificio sin piedad, en una lucha despreciable”. 

Si bien la verdad pronunciada antes de tiempo es peligrosa, no deja de tener razón aquel que en lugar de preferir ser condescendiente con todos y así ganar adeptos, escoge decir la verdad y cosechar antipatías. En realidad, parafraseando a Tagore, cuando se cierra la puerta a todo aquello que impide un crecimiento en lo ético y lo moral, también la verdad quedará fuera.