Sáb. Jul 2nd, 2022

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V domingo de Cuaresma

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“Todo lo estimo pérdida, comparándolo con Cristo, configurado como estoy, con su muerte.”

Esta carta de San Pablo a los Filipenses es preciosa y nos dice: “con tal de ganar a Cristo y existir con El, no con la justicia mía- la de la ley-, sino con la que viene de Dios y se apoya en la fe.  

Para conocerlo a El, y la fuerza de su Resurrección, y la comunión con sus padecimientos, muriendo su misma muerte, para llegar un día a la Resurrección de entre los muertos. No es que ya haya conseguido el premio, o que ya esté en la meta: yo sigo corriendo.

Y aunque poseo el premio, porque Cristo Jesús me lo ha entregado, hermanos, yo a mí mismo me considero como si aún no hubiera conseguido el premio. Solo busco una cosa: olvidándome de lo que queda atrás y lanzándome hacia lo que está por delante, corro hacia la meta, para ganar el premio, al que Dios desde arriba llama en Cristo Jesús.”

Y qué decir del Evangelio: “El que esté sin pecado que tire la primera piedra”.

Los Letrados y Fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y colocándola en medio, le dijeron: “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adulteras: tú, ¿Qué dices?

Le preguntaban esto para comprometerlo, y poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo. Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo:

“El que esté sin pecado que le tire la primera piedra”. E inclinándose otra vez, siguió escribiendo. Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos, hasta el último. Y solo quedó Jesús, y la mujer en medio de pie. Jesús se incorporó y le preguntó: “Mujer, ¿Dónde están tus acusadores? ¿Ninguno te ha condenado?” Ella contestó: “Ninguno Señor”. Jesús le dijo: “Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más.”

La novedad es sin duda uno de los puntos sobresalientes de los textos litúrgicos de hoy.

Así lo indica Isaías “Miren, voy a hacer algo nuevo”.

La mujer adúltera, que trata el Evangelio, descubrió en la actitud de Jesús una novedad nunca vista, que la liberó y transformó.  Amén.