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JESÚS: CAMINO, VERDAD Y VIDA:
…. EN LAS SENDAS DEL RESUCITADO.

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EVANGELIO DE HOY: 3/5/22 (Jn 14,6-14).

Hoy celebramos la fiesta de los apóstoles Felipe y Santiago, mientras seguimos transcurriendo el trayecto de los 50 días hasta Pentecostés. El diálogo de Jesús con sus discípulos nos ilumina en la tarea que nos hemos propuesto en este tiempo: ejercitarnos en el arte de vivir como resucitados. De las enseñanzas de Jesús, en este sentido, obtenemos tres pilares. “Yo soy”:

EL CAMINO

Si el camino, literalmente, es una vía que se construye para transitar; desde la fe se nos dice que Jesús es la senda para llegar al Padre. El camino tiene una dirección, un horizonte; el Padre es meta y fuente. Para no perdernos se nos da el camino seguro, hecho nombre: Jesús. Su camino es su persona, su palabra, sus enseñanzas… Camino y seguimiento son realidades paralelas. Es una manera de ser, de andar, de pensar, de relacionarse y comprometerse. “Nadie va al Padre, sino por mí”.

LA VERDAD

La verdad es una persona, Cristo. “Si me conocen a mí conocerán también a mi Padre”. Él tiene la verdad sobre Dios y, a su vez, es su verdad. En esta dimensión de su identidad, previene sobre toda falsedad y desenfoque. La petición de Felipe a Jesús: -“muéstranos al Padre”, desemboca en un reproche: -“Hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y no me conoces Felipe?”. No todo el que está al lado de Jesús lo conoce. Y lo que no se conoce no se ama lo suficiente, tampoco se obedece. También nosotros hemos de cuestionarnos si estamos o no aprovechando el tiempo, mientras vamos en Jesús Camino y Caminante, para no sólo decir la verdad, sino vivir en Ella.

LA VIDA

El Camino, en la Verdad, tiene un propósito: la Vida. Dice Jesús: “el Padre que permanece en mí, hace sus obras”. Jesús es la vida del Padre. Tanto sus palabras como sus obras están impregnadas de vida. Estar en Él es experimentar la vida, el soplo, el aliento. Fuera de Él hay agonía y muerte. Vivir en Cristo resucitado deja tales huellas al caminar.

Rezamos con el Salmo 18: “El cielo proclama la gloria de Dios, el firmamento pregona la obra de sus manos: el día al día le pasa el mensaje, la noche a la noches se lo susurra… a toda tierra alcanza su pregón, y hasta los límites del orbe su lenguaje”.

  1. ¿Qué camino estoy haciendo?
  2. ¿En qué verdad vivo y me alimento?
  3. ¿Cómo experimento y custodio la vida?