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Ahí tienes a tu madre

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Si, como la mía, tu madre ya no está en este mundo, si te encuentras entre aquellos que nunca conocieron la suya o viven separados de ella por grandes distancia. Si piensas que crías a tus hijos en soledad, sin el apoyo de alguien que los vigile cuando das la espalda, que eleve plegarias por ellos y los defienda con la misma pasión de madre que tú lo harías.

Huérfana, no

Si crees que eres huérfana, o huérfano, porque por la tierra no camina la mujer que te trajo al mundo, cometes un error que yo cometí durante muchos años. Yo también creía que tenía solo una madre. Y mi fe se circunscribía a Dios. Pero, mientras atravesaba por una situación terrible, un sacerdote me recomendó asistir a un ministerio donde un grupo de mujeres de oración interceden por quienes allí acuden y, milagrosamente, Dios pone en sus bocas palabras de discernimiento. Así me enteré que mis tres hijos y yo estamos protegidos por alguien que vela por nosotros. “La virgen —me dijo una de aquellas mujeres— es quien cuida de tu familia”.

La niña que oraba

Me extrañó muchísimo. Consideraba el Rosario una letanía para viejitas y pocas veces lo rezaba. ¿Por qué?, entonces, me pregunté, ella venía a protegerme, ¿si yo no se lo había pedido? La incógnita se mantuvo dentro de mí durante años. Esa es la clave para encontrar respuestas de tipo espiritual, Dios las responde en algún momento. Ocurrió más tarde, mucho tiempo después.

El regalo

Era mi cumpleaños y mis hermanos de la Comunidad Unidos en Cristo me regalaron un ícono de la virgen, que aún conservo. Ella no está sola, a sus pies hay una niña de rodillas con las manos juntas. En esa niña me vi a mí, cuando estudiaba en el colegio el Rosario y entraba a la capilla a orar.

Sin estar segura de que era escuchada, le contaba a María mis tribulaciones de entonces. Con los años, olvidé esas conversaciones, pero ella, madre al fin, a quien la ingratitud de sus hijos no le hace variar en su amor, siguió a mi lado, protectora, como siempre.

Es la madre que tengo más cerca ahora, con un manto tan amplio que cubre a mis hijos, hermanos y sobrinos. Sé que, antes de marcharse, mi madre, doña Mercedes, una devota mariana, nos encargó a su cuidado. De ahí debió venir también su fidelidad a lo largo de los años en que no fui capaz de sentir su amorosa presencia en mi vida.

Este domingo

Mis padres murieron, pero no soy huérfana, siento el amor inmenso de Dios, mi padre, ahora más que nunca, y de esa madre valiente, fiel, hermosa, amorosa, poderosa, la capitana elegida por Dios para guiar a las familias en estos tiempos de prueba, la virgen María. Esa que la Biblia afirma le pisa la cabeza al dragón.

¿Quién rechaza la protección de una madre con tanto poder? Y es nuestra, sí, también es la tuya. Este domingo, no te sientas sola, o solo, llévale flores y haz el Rosario para ella, así descubrirás, también, que ahí, junto a ti y los tuyos, está tu madre, María, tan tuya y mía como de nuestro Señor Jesucristo.

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