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EVANGELIO DE HOY: 1/9/22 (Lc 5,1-11). 

Jesús estaba a orillas del lago de Genesaret enseñando a la gente la Palabra de Dios. El Maestro de los maestros, ayer y hoy, nos alcanza en nuestras periferias, en nuestra pequeñez. Cuando uno no sabe nadar se baña en las orillas; allí nos encuentra el Señor, como buen amigo que nos entrena para sumergirnos en sus profundidades, pero respetando el proceso.
 
Muchas cosas pasan en las orillas, como esos pobres pescadores que concluyen su jornada sin éxito. Estaban “lavando las redes”; ¿cuántos de nosotros no hemos estado “lavando”, “cerrando” jornadas existenciales, cuando el Señor nos invita a empezar de nuevo?
 
“Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: rema mar adentro, y echa las redes para pescar”. El Señor hace la propuesta luego de haber alimentado con su Palabra. Desde la orilla se escucha, para luego navegar profundo. La Palabra del Señor renueva las fuerzas, despierta la confianza. Invita a ponerse en acción. No importa, si como esos pescadores, nos hemos pasado mucho tiempo “bregando”, “afanando”, y estamos cansados… Lo decisivo aquí está en la diferencia entre: “lanzarse solos en las aguas caudalosas de la vida”, sin horizonte ni dirección, y otra distinta es “atreverse a sumergirse con la brújula de su Palabra”.  
 
“Por tu Palabra echaré las redes”. A esta altura debemos llegar. Es por su Palabra y no por nuestros esfuerzos personales que obtendremos resultados. Importa desapropiarse, anonadarse, tomar conciencia de que solos no podemos pescar nada. La expresión de Simón denota la humildad que hemos de tener. No hay plenitud de vida comparada a dejarse guiar por la voz del Señor; más allá de nuestras propias percepciones y criterios.
 
Cuando se constatan los resultados de la obediencia: “llenaron dos barcas, que casi se hundían…” Simón dice a Jesús, “Apártate de mí que soy un pescador”. Cuando llegamos a este nivel de conciencia; saber quién es Jesús y quiénes somos nosotros, entonces comienza la cosa. “No temas; desde ahora serás pescador de hombres”. Pescamos hombres y mujeres cuando mantenemos la honestidad espiritual. Él es el protagonista. No lanzamos las redes para recoger elogios, sino corazones, los que le pertenecen al Señor.   
 
Señor, que cuando contemplemos nuestra barca, casi hundida por la pesca, gracias a tu Palabra, podamos decir, cada uno: “Apártate de mí, Señor, que soy un pecador”.
 
1. ¿Estamos en las orillas, o ya nos hemos lanzado a echar las redes mar adentro? ¿Qué vamos pescando en el mar de la vida, de la sociedad, de la evangelización?
2. ¿Hemos bregado inútilmente? ¿Por qué?
3. ¿Quién conduce nuestras decisiones personales, pastorales?