Dom. May 26th, 2024

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EL SENTIDO DEL AYUNO: DESDE LA NOVEDAD QUE NOS TRAE JESÚS.

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EVANGELIO DE HOY: 2/9/22 (Lc 5,33-39).

Seamos sinceros, a muchos se nos ha complicado entender el sentido del ayuno. Y en tales circunstancias, nos ilumina el desenlace que recibe esta cuestión hecha por los fariseos y los escribas a Jesús: “Los discípulos de Juan ayunan a menudo y oran, y los de los fariseos también; en cambio, los tuyos, a comer y a beber”.
 
El asunto aquí no reside en que los discípulos de Jesús “coman” y “beban”, sino en el sentido que los lleva a tal disposición. Ellos, no sólo comen y beben alimentos concretos, sino el nuevo Pan de la Palabra, y de la Vida, la nueva bebida redentora que libera de las ataduras y de los yugos innecesarios. Ellos celebran fraternalmente el tener acceso, mediante Cristo, a la santidad de Dios, a su Reino, a su banquete. Esta comida y esta bebida, que no es gula, comprometen y hacen que uno mismo se convierta en alimento para los demás.
 
Jesús, dando la cara por sus discípulos, interroga: “¿Quieren que ayunen los amigos del novio mientras el novio está con ellos?”. El “novio”, Jesús mismo, es el centro y motivo de la fiesta. Nos queda claro que el ayuno no es un fin en sí mismo, sino un medio para llenarse de Jesús. Si Él está presente, en intimidad, no hay necesidad de ejercitarse para llegue. El ayuno sirve para lo mismo que le sirvió a Jesús: “vaciarse de sí, llenarse del Padre; vencer al maligno”. En este aspecto, también se ayuna combatiendo internamente para mantener el interior lo más adecuado posible, y así honrar la presencia del Espíritu Santo.
 
Cuando usted se purga soportando con paciencia los defectos de los demás, ayuna; cuando vence la pereza y se dispone a servir a los necesitados; cuando frena la lengua para el chisme y la calumnia; en el momento en que vence los celos, la envidia, el egoísmo, está ayunando… Y este ayuno es más exigente, porque es constante, no sólo un día a la semana. En este sentido, sería una locura dejar de comulgar porque se le olvidó el ayuno (literalmente).
 
Jesús nos pide que entremos en el profundo sentido de su novedad: “Nadie recorta una pieza de un manto nuevo para ponérsela a un manto viejo”. Nuestra fe no puede estar remendada. Para vivir sanamente el seguimiento de Jesús, tenemos que nacer otra vez, renovar con sentido nuestro bautismo. Que no nos reviente el vino nuevo de Jesús. Seamos odres nuevos. Que la Virgen de la Altagracia interceda por nosotros. Ella que supo acoger, con tanta apertura, el buen vino de Jesús.    

  1. ¿Las enseñanzas de Jesús están tocando mi corazón, lo están transformando, estoy caminando en este peregrinar de la fe?
  2. ¿Me dejo sorprender y educar por la novedad de Jesús, por la nueva manera de comprender su mensaje?
  3. ¿Vivo en ayuno permanente? ¿Renuncio a todo aquello que pueda hacerme “reventar” y no disfrutar la presencia comprometida de Jesús?