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ESPIRITUALIDAD DEL TRABAJO

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LECTURAS DE HOY: 1/5/23 (Gn 1,26_2,3; Sal 89; Mt 13,54-58).

Cuando hablo de la “espiritualidad del trabajo” me refiero en sí a la actitud de la persona trabajadora para descubrir al Señor, fundamentarse, y unirse a Él también desde las labores asumidas. El trabajo tiene dignidad teológica. Por eso, abriendo el libro del Génesis nos encontramos a Dios en esto, creando a partir del caos, y desde el amor comunitario, por eso dice “Hagamos…”, nunca dice “voy a hacer”.
 
El trabajo es una bendición de Dios. El resultado de éste a los ojos del Creador es un deleite, de ahí el refrán que se expresa: “Vio Dios todo lo que había hecho; y era muy bueno”. La frase nos permite tomarnos el pulso y constatar si las cosas que hacemos en nuestros espacios cotidianos de labores también pueden considerarse “muy buenas”, “útiles”, “necesarias”…
 
El hombre y la mujer de Dios trabajan en unidad con Él; siempre dejando las cosas más hermosas de cómo las encuentra. Nunca se miden, nunca se donan según la recompensa, sino que se entregan, saliendo de sí. Desde la fe, somos todos cooperadores de Dios, administradores de las obras de sus manos. No hay camino de santidad compatible con la haraganería o la pereza.
 
El evangelio nos presenta a Jesús como el “hijo del carpintero”. Meditemos en nuestro Señor trabajando la madera, interpretando todo con ojos contemplativos. Ya quisiéramos apreciar algún objeto trabajado por las manos de Jesús. Un trabajo hecho en oración profunda. Si dejamos correr la imaginación un poco más, en su cotidiano… Pensemos en la gente que llegaría a la carpintería para hacer encargos, y Jesús planificando el tiempo de entrega… ¿Cómo se organizaría para no estresarse y ser responsable con cada solicitud? ¿Qué cosa, además del pedido, se llevaría la gente a su casa, luego de haberse encontrado con Jesús?
 
Con certeza, Jesús le habría hecho preguntas a su padre José para irse especializando en el trabajo; otras muchas cosas habrían aprendido observando, y otras tantas Él mismo creándolas… Pero lo más grandioso de todo esto ha sido de cómo el hijo del carpintero llegó a convertirse en “ebanista de las almas”; tanto así que causó escándalo entre sus conocidos porque no sabían de dónde sacaba tanta sabiduría.
 
¿Usted pensó en las vitaminas espirituales que obtendría si, en vez de dispersar el pensamiento mientras trabaja, va interpretando todo con los ojos de Dios, y haciendo oración; en fin, haciéndolo todo con Él?
 
La espiritualidad del trabajo se ve empañada cuando éste se convierte en explotación. Cuando la gente no puede disfrutar el esfuerzo de sus labores y renuncia al descanso por obligación. Porque si trabajar es necesario, descansar es fundamental. También la empaña cuando la gente carece de oportunidad para desarrollarse en escenarios laborales.
 
Nos unimos al salmista cuando reza: “Haz prósperas, Señor, las obras de nuestras manos”.

1.  ¿Cómo se unen y se integran, en mi vida, trabajo y oración? 
2. ¿Cuál es el “toque” que distingue el “resultado laboral” de una persona creyente? 
3. ¿Qué estoy buscando detrás de mis afanes laborales; hasta dónde quiero llegar? 
4. ¿Alguna vez “he calentado”, en el bolsillo, el salario del trabajador?