Sáb. Jun 22nd, 2024

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EL CONSUELO DE DIOS

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LECTURAS DE HOY: 12/6/23 (2Cr 1,1-7; Sal 33; Mt 5,1-12).

Las lecturas de este día nos favorecen meditar en torno al consuelo de Dios. Intentaremos aproximarnos a dicho misterio de fe y proponer en qué consiste, basándonos en los argumentos que los textos permiten afirmar. Quien recibe consuelo de Dios recibe:
 
ALIENTO DE DIOS. El aliento de Dios es el mismo Espíritu Santo. Él nos llega en forma de soplo, suave brisa, bálsamo de gracia, energía divina. Nos llega como recreo santo que restituye las fuerzas. Este aliento es motivo, para Pablo, de bendecir; bendice al Señor que lo sostiene en sus luchas, hasta el punto de él mismo consolar a los demás, con el mismo bien recibido.
 
PRESENCIA DE DIOS. El consuelo del Señor es el gozo de sentir su presencia en medio de las dificultades. Es una presencia de gracia. Dios, desde dentro, desde el interior, nos da luz para descubrirle en todas las circunstancias. Es compañía de ángeles. Permite que uno avance sin desesperación. Por eso dice el apóstol que puede aguantar los padecimientos.
 
PAZ DE DIOS. El Señor se hace presente mediante un estado de paz. Por eso dice el salmista que Dios lo ha librado de todas sus ansias, y lo ha salvado de todas sus angustias. Cuando una persona dice: “Estoy viviendo una profunda paz”, ya está comunicándonos que Dios está muy presente, que lo sostiene, y que nada lo turba.
 
AMOR DE DIOS. Sentir el consuelo de Dios es sentir su amor. Dios nos abraza. Algunas veces estos abrazos llegan en forma de “palabras”, “gestos”, “detalles” de personas que Él usa como instrumentos. El consuelo de Dios no está distante de nosotros. Vivimos dentro de su consuelo.
 
CONSOLADORES DE DIOS. Quien recibe de Dios su consuelo, está llamado a consolar a los demás, con la misma gracia que ha sido recompensado. Quien recibe consuelo de Dios no anda mendigando consuelos humanos, sino que, contrariamente, ofrece su vida para, como dice el viejo canto: “mi cansancio a otros descanse”.
 
Señor: tu evangelio nos habla de las bienaventuranzas. Estas son la vida al revés. Así nos enseñas a mirar. Dichosos seamos, Señor, cuando lloremos por tu causa; seremos consolados. Dichosos cuando consolemos a los más afligidos, porque nunca se nos agotará la fuente de gracia.
 
1.  ¿Dónde busco consuelo? ¿Dónde lo encuentro? 
2.  ¿Qué es más frecuente en mí: que me consuelen los otros o consolar? 
3.  ¿Le he dicho a algún amigo: gracias por ser consuelo de Dios en mi vida? 
4. ¿Con cuáles de esos rasgos descritos he experimentado el consuelo de Dios?