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CAMINO DE PLENITUD

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LECTURAS DE HOY: 14/6/23 (2Cor 3,4-11; Sal 98; Mt 5,17-19).

San Pablo no la tuvo fácil con los cristianos provenientes del judaísmo, aferrados a su tradición religiosa. La rigidez mental les impedía la apertura hacia la novedad de Cristo. Sabiamente, el apóstol afirma que la capacidad requerida para adentrarse, aceptar y servir en esta nueva alianza no viene de la persona en sí, sino del mismo Dios, mediante el Espíritu de vida.
 
Con el realce de Moisés, en Antiguo Testamento, Pablo valora el aporte de la ley al Pueblo de Dios, pero fundamenta que esta quedó subordinada ante la llegada del Señor Jesús. Si lo antiguo y caduco provocó “resplandor”, lo nuevo y eterno nos abrió la “gloria”, de manera incomparable.   
 
Jesús mismo afirma: “No he venido a abolir, sino a dar plenitud”. Es una expresión sana y hermosa. Su presencia no es una amenaza. El Señor sabe respetar. Y esto es un buen argumento para nosotros, hoy, seguir madurando en la fe. La fe es una virtud viva, no estática. La persona creyente puede ser testigo de progresos espirituales, en la medida en que se va dejando conducir por la gracia del Espíritu Santo, especialista en sumergirnos en las aguas profundas del misterio trinitario.
 
Cuando nos decidimos por Cristo, empezamos un camino; en este, nos apoyamos de lo que tenemos. Y en la medida que avanzamos se espera que también peregrine nuestra imagen del Señor, y la manera de comprender y vivir la fe. Pero este peregrinar interior exige prudencia y vigilancia.
 
No se trata de caminar hacia la plenitud según los criterios personales. Esta flexibilidad no nos da licencia para “saltar” los preceptos y “añadir” los que nos parezcan. No tenemos aprobación para manipular la propuesta de Jesús. De la misma manera en que comprendamos y vivamos la Palabra, así la enseñaremos a los demás; el Señor quiere que la comprendamos y la practiquemos bien, y bien la compartamos. Esta es la clave de ser grande en el Reino de los Cielos.  
 
Señor: tú que eres santo, enséñanos a serlo, y a tener actitud de santidad ante toda la tradición religiosa que hemos aprendido. Danos la gracia para acoger la esencia del cristianismo. No queremos vivir de lo caduco, sino de lo eterno. Danos la gracia de vivir estos tiempos de misericordia.
 
1. ¿Qué escojo en mi camino de fe: el “resplandor” de Jesús o “Jesús” mismo? 
2. ¿La manera en que comprendo la fe y vivo: es estática o dinámica? 
3. ¿Dónde me estoy nutriendo para alcanzar, por gracia, una fe madura y comprometida?