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LA RISA DE SARA

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LECTURAS DE HOY: 1/7/23 (Gn 18,1-15; Sal Lc 1; Mt 8,5-17).

Hoy vamos a meditar en torno a un detalle de la primera lectura tomada del Génesis; un relato que nos reafirma la promesa de descendencia de Dios a Abrahán. El texto nos cuenta sobre la aparición de Dios al patriarca mientras este descansaba en la puerta de su tienda. El Señor se presentó mediante tres hombres con apariencia de peregrinos.
 
Abrahán, en la historia de salvación, se destaca como modelo de hospitalidad; por la manera tan especial en que auxilió a esos caminantes. Lo cierto es que detrás de cada acto de caridad nunca tarda la bendición. Los hombres prometieron a Abrahán, que dentro de un tiempo Sara tendría un hijo.
 
Cuando Sara escuchó el comentario sobre su maternidad, le dio risa. La espontaneidad de su risa salió del control y fue escuchada. En esta imagen nos detenemos. Una mujer anciana consideró imposible lo que ella misma pudo gestar. En el momento de la risa contó con su debilidad, pero los mensajeros estaban hablando desde la intervención de Dios en sus vidas. Sara sólo pensó en la sequedad de sus años, no tuvo en cuenta al Señor como fuente de vida.
 
Preguntémonos, si a nuestra edad, también nos han brotado risas por considerarnos jubilados existenciales en varios aspectos de la vida. Pero, no sólo en lo referente por la edad, sino en todo aquello que consideramos asuntos culminados o imposibles, y que Dios, en su divina misericordia, puede transformar completamente según su santa voluntad.
 
Con razón, seriamente, el Señor preguntó el porqué dicha risa. Ella intentó negarlo, pero fue corregida. ¿Nos hemos reído de nosotros mismos ante las sorpresas que Dios nos prepara?, ¿nos hemos reído de los otros, de aquello que el Señor les confía, porque lo consideramos fallido? “¿Hay algo difícil para Dios?”.  
 
El pasaje de este día debe animarnos a recuperar el sueño de Dios para nuestras vidas. Dios no se olvida de sus más diversas promesas. Podemos darnos permiso, como Sara, para reír, no de ironía, sino de júbilo, y acción de gracias. Porque, como dice el Magníficat, el Señor pone los ojos en la humildad de sus siervos para hacer obras poderosas, en su nombre.
 
Señor: que así como Jesús se sorprendió y alegró con la fe del centurión, así también nuestra fe en ti despierte tu santa sonrisa. Que podamos reírnos juntos, Señor. Queremos vivir libremente la aventura de amor que te dignas a ofrecernos. Si tú nos das la oportunidad, que no seamos nosotros los primeros en dudar o retrasar la promesa, por falta de confianza en ti.
 
1. ¿Las cosas de Dios van despertando mi sonrisa agradecida? 
2. ¿Los años han apagado mi risa o la siguen fundamentando? 
3. ¿Por qué la sonrisa sincera transmite esperanza, y evangeliza? 
4. ¿He dado el salto de la risa irónica a la santa sonrisa? 
5. ¿He experimentado la sonrisa de Dios en mi vida?