Dom. Abr 14th, 2024

ApmPrensa

Agencia de Prensa APM

SI QUIERES PUEDES LIMPIARME

2 min read

EVANGELIO DE HOY: 30/6/23 (Mt 8,1-4).

El pasaje de este día nos dice que Jesús bajó del monte. Cuando Él baja, muchas cosas especiales operan para nuestro bien. Ha bajado de la oración a lo ordinario de la vida para manifestar a Dios mediante las obras. Mucha gente lo seguía. Pero entre estas, lo siguió alguien, con una delicadeza extraordinaria, un leproso.
 
Imaginemos el escenario. Todos huyendo del leproso, menos uno, Jesús. Él no se asusta con nuestras lepras. Allí habrán quedado solos en el mismo espacio, en el mismo sentir; pero con muchas miradas, siendo testigos del acontecimiento. Lo primero que el enfermo hizo fue arrodillarse. El gesto indica que sabía ante quién estaba. Nos indica la postura cierta de aproximarnos al Señor.  
 
“Señor, si quieres, puedes limpiarme”. Es una súplica que conmovió el corazón de Jesús. Solo el leproso sabía lo que ha supuesto cargar con ese mal y experimentar en su vida las diversas dimensiones del sufrimiento: físico, psíquico, social… Su petición no fue de carácter obligatorio. No manipuló. No hizo promesas. No puso condiciones. Respetó su voluntad. Estuvo abierto a cualquier respuesta. Se reconoció débil y vulnerable; necesitado de ayuda. Jesús tenía lo que Él necesitaba, y no podía adquirir. Mostró confianza y prudencia, abrió su corazón.
 
El leproso nos enseña a suplicar a Jesús sin la intención de arrancar de Él nuestras peticiones a la fuerza. La enfermedad no le ha hundido en una actitud de desesperación. Se mostró sereno, paciente. Nos invita a cada uno de nosotros a confiar en el Señor de la vida y la salud. Él tiene la sanación para nuestras lepras.
 
El querer del leproso se abrazó con el querer de Jesús. El Señor le respondió: “Quiero, queda limpio”. Todo lo bueno que deseamos, el Señor también lo desea. No acontece el milagro sin el encuentro de estos dos santos “quereres”.
 
Señor: son muchas las “lepras” que nos amenazan. Algunas nos han alcanzado. Pero confiamos en tu toque sanador. Gracias por poner tus manos en nuestras miserias. Gracias porque con tu santidad nos devuelves la vida y la dignidad. En ocasiones queremos ocultarlas por miedo. Pero hoy te las mostramos todas. No deseamos cargar con estas. Necesitamos sanación y libertad. Si quieres, como nosotros queremos, ayúdanos a experimentar un nuevo comienzo. Las cosas no quedan iguales luego de habernos encontrado contigo.
 
1. ¿Con cuáles “lepras” me presento, hoy, ante el Señor? 
2. ¿Con qué actitud presento mis súplicas al Señor?
3. ¿Expongo lo que soy, con transparencia, delante del Señor y de los hermanos?