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“INTENTARON HACERME MAL:DIOS INTENTABA HACERME BIEN”.

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LECTURAS DE HOY: 15/7/23 (Gn 49,29-32; 50,15-24; Sal 104; Mt 10,24-33).

“Ustedes intentaron hacerme mal, pero Dios intentaba hacer bien”, es la frase que dice José a sus hermanos, cuando estos estaban asustados de que él, luego de la muerte del padre, se vengara por todo lo que le hicieron pasar. José les habló al corazón, para que ellos comprendieran que no eran sus “enemigos”, sino sus “bienhechores”. Los que nos hacen daño y, sin saberlo, nos empujan a realizar la voluntad de Dios en nuestras vidas, nos benefician.
 
Los hermanos de José tenían pánico del rencor. Pero José no les guardó resentimiento. Una persona con resentimiento no puede tener solidez espiritual como él la tenía. El rencor es un mal olor que ahuyenta el Espíritu. Y donde no se acoge al Espíritu, no puede haber discernimiento, creatividad, progreso integral… Cada uno de nosotros ha de decidir, a la luz de esta historia, con qué se queda.
 
No hay personalidad más fuerte que aquella que se forja desde el sentido de pertenencia a Dios. Porque quien se sabe pertenencia de Dios no se deja manipular por nadie. Es libre en su espíritu. Y tiene la gracia de hacer el bien a los que le hacen mal, porque cuando actúa, es el mismo Dios quien actúa. Desde la integridad de esta comunión, el hombre y la mujer de Dios, tienen el corazón de Dios “prestado”.  
 
La fuerza del evangelio nos invita, con insistencia, a no tener miedo. Quien está unido a Cristo no tiene que temer el que maquinen nada en su contra. No tiene que concentrar su oración en la defensa de los contrarios, porque esto es ocupación del Señor. No hay que temer porque los que asumen la causa de Dios están siendo custodiados sin cesar, en el amor y la gracia. Hay un llamado a desentenderse de las preocupaciones ante quienes no tienen autoridad sobre el ser de la persona.
 
El Reino, la voluntad de Dios no pueden ser controlados ni manipulados. Su Palabra se abre paso entre los obstáculos. Por más que intenten esconderla, se muestra; aunque se empeñen en estancarla, se pregona. Es pertenencia de Dios y no de la gente. Dios es Dios, y hemos de saber en quién está puesta nuestra confianza.
 
Señor: hoy te confirmo nuevamente que estoy de tu parte. No tengo miedo de que llegue a saberse ni tampoco de pregonarlo. Gracias por estar de mi parte y comprenderme. Gracias porque, pacientemente, me reiteras que mi vida está en tus manos, y que en ti vive mi corazón. Gracias, Señor, porque nada pasa en mi vida, sin que tu santo discernimiento lo permita, porque sólo tú sabes a dónde me conduces.  

Coloque un número del 1 al 5:

1. Mi corazón está libre de rencor___
2. He colocado mis resentimientos en los pies de Cristo___
3. No tengo miedo a las personas contrarias___
4. Hago el bien a los que me hacen mal__
5. Siento la mano de Dios conduciendo mi vida__