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MADUREZ ESPIRITUAL

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LECTURAS DE HOY: 11/9/23 Col 1,24_2,3; Sal 61; Lc 6,6-11)

Pablo, en la Carta a los Colosenses, manifiesta todo su empeño para que estos alcancen madurez en su vida cristiana. Esta luz de comprensión, me ha llevado a preguntarme sobre los rasgos de la madurez espiritual. Para responder, me apoyo en el mismo pasaje paulino, en la figura del apóstol y, a su vez, en el conjunto de las lecturas.
 
Pablo inicia diciendo que se alegra en los sufrimientos. Pero no es cualquier sufrimiento. Sufre por el cuerpo de Cristo, que es la Iglesia. Sufre porque comparte la misma carne del Señor. Se ha hecho uno con Él. Quien ha alcanzado madurez espiritual sabe por qué y por quién sufre. Interpreta sus pesares como un complemento de los dolores del Señor. ¿Cuáles son tus sufrimientos, qué los provocan, cómo los interpretas, y qué te aportan para tu santidad, y la de los demás?
 
El apóstol identifica su tarea, el “anuncio completo” del evangelio. Usted ha alcanzado madurez espiritual cuando no recorta el mensaje. Y se esfuerza, no solo por vivirlo, sino para que otros también lo conozcan y lo hagan vida por el bien de todos, la salvación. En la integridad del evangelio se condensa su riqueza y su hermosura. La tarea incluye amonestar y enseñar mediante la sabiduría. La sabiduría se alcanza gracias al Espíritu, quien se anida en la pureza de intención del apóstol. ¿Y tú, has asumido el evangelio entero?
 
Pablo menciona el “empeñado combate” que sostiene. Combate para que los otros hermanos alcancen captar, comprender, profundizar el misterio de Cristo y, desde ahí, obtengan convicciones honestas. Se alcanza madurez espiritual cuando se busca comprender y ahondar en la fe. No se tiene miedo a las profundidades, sino, contrariamente, a la superficialidad. ¿Tú te sacrificas para que los demás comprendan a Cristo? ¿O estás enfocado en tu propio crecimiento? ¿Llevas la cuchara solo a tu boca? ¿Te preocupas de que otros también se ejerciten y les guste el manjar del evangelio?
 
Jesús, en el evangelio, es la máxima manifestación de madurez. No se condicionó por las normas para rescatar la dignidad humana. Su presencia fue liberando de parálisis físicas y existenciales, sin importar el qué dirán. Quien ha alcanzado madurez se da permiso para amar en cualquier lugar o tiempo. No tiene calendario ni agenda para hacer el bien, porque lleva el bien consigo, tan adherido como la respiración. ¿A cuántas personas has ayudado a levantar sin importar el horario?
 
Señor, unida al salmista, reconozco que de ti viene la salvación y la gloria. Toma este pobre corazón, tantas veces distraído, él necesita madurar en ti, quedarse contigo. Porque tú eres, Señor, mi roca; sostenida por ti no vacilo. Tu presencia es mi desahogo. A tu lado está mi refugio seguro. No puedo decir, Señor, que estoy madura, pero sí te aseguro mi pobre amor, que busca ser honesto. Cultívalo en tu gracia, y no te canses de invertir. Espero esa sonrisa tuya, cuando contemples, al fin, la obra de tus manos.
 
La santidad es el rostro más bello de la Iglesia