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DESCUBRIR LOS SIGNOS DE DIOS

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EVANGELIO DE HOY: 01/12/23 (Lc 21,29-33).

El evangelio de hoy, parte del ejemplo de la naturaleza; esta habla y nosotros le solemos entender. Los cambios de estaciones se reflejan y, en este sentido, el Señor pone el ejemplo de la higuera o de cualquier árbol que, al echar brotes, anuncia la llegada del verano. Nosotros también podemos decir que, cuando se nubla y el ambiente se pone gris, nos ponemos en movimiento antes de que llueva. El Señor nos enseña que hay signos más relevantes, y que no pueden pasar desapercibidos.

De la misma manera en que cambia la naturaleza, así ha de cambiar la historia y la vida misma por la presencia de Dios en medio de nosotros, que obra y se manifiesta. Si nos falta la luz divina, no podríamos reconocer los signos del Espíritu en nuestra realidad. De ahí que la única manera de sintonizar con estos es mediante el despojo del hombre viejo, de la mujer vieja, limitados por la ceguera espiritual. Como ciertos árboles cambian todas sus hojas para renacer frondosos, así hemos de cambiar nosotros nuestro antiguo modo de ver, para renacer con mirada trascendente.

Recordemos la bienaventuranza: “Los limpios de corazón verán a Dios”. Donde hay malicia, no hay contemplación. Quien desee descubrir las señales de Dios ha de comenzar desyerbando el interior. La viveza barata se convierte en lienzo oscuro que oculta lo bueno. En cambio, la actitud de conversión permanente, hace visible a Dios, y te hace capaz de seguir sus inspiraciones. Descubrir los signos es la única manera de tomar decisiones acertadas. Implica, a su vez, la participación comunitaria, porque la reflexión aislada provoca grandes errores.

El Señor nos deja saber que, aunque el cielo y la tierra pasarán; o sea, pasarán todo lo que cielo y tierra encierren, sin embargo, su Palabra permanecerá para siempre. Ella no cambia según las estaciones ni con los años. Contrariamente, es estable y es eterna. Siendo así, se nos dice que no demoremos más en asumir lo real y verdadero; seamos colaboradores y colaboradoras eficaces de ese proyecto salvífico que el Señor ha preparado para toda la creación.

Señor, como el salmo de este día, tomado del libro de Daniel 3, yo quiero ensalzarte por los siglos; bendecirte con la creación. Te alabo, Señor, porque también este año litúrgico está pasando, para abrir uno nuevo, con el Adviento. Cada año nos da la oportunidad de un nuevo comienzo de vida. Gracias, Señor, porque nos hace partícipes de la eternidad que nos regalas, y nos demuestras, con tus signos, que vas con nosotros haciendo el camino del Reino.

  1. ¿Qué cosas, del Reino, suceden en tu circunstancia?
  2. ¿Cuáles rasgos expresan que el Reino todavía no está en su plenitud?
  3. ¿Qué signos del Reino reflejas con tu vida?