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¡VIVAMOS EL ADVIENTO!

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LECTURAS DE HOY: 04/12/23 (Is 2,1-5; Sal 121; Mt 8,5-11).

Con el Adviento, se inicia un nuevo año litúrgico en la Iglesia, y con éste una nueva oportunidad para recomenzar la vida, podando en ella lo que sea necesario para preparar la venida del Señor. En este sentido, es oportuno desearles a tus hermanos y a tus hermanas de la comunidad “¡feliz año nuevo!”.

La profecía de Isaías, con su visión de futuro, nos adelanta lo que es la vida con el Mesías y su presencia pacífica, reconciliadora y transformante. Llama la atención cuando dice, del pueblo que lo recibe, que de sus espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas. No necesitarán adiestrarse para la guerra, porque la luz del Señor les permitirá convivir en paz en su propia tierra, y entre todos los pueblos.

¿Qué tal si tú y yo entramos en esta dinámica del Adviento? Para recibir al Señor, el Adviento te invita a desarmarte. Que tus mecanismos de pelea, y de estar a la defensa de tus contrarios, sean depositados en la presencia del Señor. Entrega la espada de tus palabras cortantes, y las lanzas de tus indirectas. El Señor quiere que inicies el proceso de conversión: de tu “espada” haz un “arado” para trabajar la tierra del propio corazón; de tu “lanza”, una “podadera”, que corte aquello sobrante en tu vida.

Pocas veces, en las páginas del evangelio, Jesús se admira por la fe de las personas; hoy lo hace por la del centurión. Cuando éste le pide al Señor la sanación de uno de sus criados, y Él se ofrece para ir, le sugiere, con una extraordinaria confesión: “Señor, no soy quién para que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano”. Ojalá que en este Adviento, el Señor también se pueda admirar de la fe que vayas cultivando en ti, y por todo lo bueno que hagas por los demás necesitados.

El Salmo nos hace gustar la alegría de lo que significa caminar hacia el Señor, y más aún, el gozo de saber que el Señor llega a nuestro encuentro. El Adviento es tiempo de desear la paz, desearla profundamente. Desea paz en tu vida, en tu familia, en tu comunidad cristiana; paz en la sociedad y en el mundo. Que la paz esté dentro de tus muros, dentro de tu corazón, ésta es la seguridad perfecta, porque ella refleja la presencia de Dios. ¡La paz contigo!, te desea el orante en el día de hoy. No basta con desearla, debes dar el paso de cultivarla y conservarla siempre.

Señor, gracias, porque con tu venida se enciende mi esperanza. Esperanza es saber esperar en ti, con la mejor actitud, ejercitando en el día a día aquello que se aproxima contigo. Tengo tarea en este Adviento, Señor. Nada más alegre que limpiar la casa, en jornada comunitaria, para recibirte.

  1. ¿Quieres comenzar una nueva vida en este Adviento?
  2. ¿Cuáles “armas” de defensa vas a reciclar? ¿En qué la vas a convertir?
  3. ¿Estás deseando y cultivando la paz dentro de “tus muros” y fuera de ellos?
  4. ¿Cómo están en ti: la fe, la esperanza, la caridad?