Dom. Feb 25th, 2024

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Hambre y enfermedades: preocupaciones de Jesús por los que lo seguían.

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El evangelio del miércoles de la primera semana del tiempo del Adviento nos muestra claramente que Jesús no solo se preocupó por el alma de los que lo seguían, sino de sus dolencias físicas y corporales.

La primera parte del evangelio de San Mateo 15,29-37 dice: «Entonces se le acercó mucha gente trayendo consigo cojos, lisiados, ciegos, mudos y otros muchos; los pusieron a sus pies, y él los curó«. No se quedó indiferente, incluso mucho no serían creyentes, no serían ni religiosos y él dice que simplemente los curó.

Es el «todos, todos, todos» que escuché del Papa Francisco en la JMJ en Lisboa. Jesús nos enseña una actitud hacia el que sufre en la salud corporal. No por casualidad diría más adelante: «porque estuve enfermo y me visitaste…»

Hoy estamos viviendo muchas enfermedades físicas y vivimos el encierro de la pandemia y estamos presos de un sistema que posiblemente nos mantiene enfermos y nos convierte en un tipo de «cliente» para generar dinero en la búsqueda de la salud. Muchos han encontrado la salud física a través de un milagro. Hay que seguir llevando los enfermos de todo tipo a los pies de Jesús, pues él hoy sigue curando y de eso somos muchos las testigos.

Porque tuve hambre y de me diste de comer…

La segunda parte del evangelio es muy humana: «Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: «Siento compasión de la gente, porque hace ya tres días que están aquí conmigo y no tienen qué comer. Y no quiero despedirlos en ayunas, no sea que desfallezcan en el camino.»»

Resalto el «llamó a sus discípulos». El Maestro quería dejó la constancia de su preocupación. Muchas veces predicamos, hablamos y vivimos la fe sin preocuparnos porque lo que el otro padece. El Señor también estaba probando la actitud de sus discípulos a ver si estaban aprendiendo cómo tendrían que hacerlo en «su Iglesia», la que dejaría en manos de ellos. Era más fácil despacharlos y que se resolvieran ellos el problema del hambre. Pero eran tres días y aunque estaban recibiendo el «pan de la palabra» necesitaban también el pan del cuerpo.

Luego el Señor les pide buscar la solución y al igual que los otros evangelios, el Señor quiere que sean los discípulos que le den de comer a la gente. La gente debe sentir en la entrega de los panes que los discípulos representan al maestro. Ellos pusieron los pocos panes, él los multiplica para todos y ellos lo reparten. Este ejercicio lo seguimos haciendo al día de hoy repartiendo el verdadero «pan del cielo».

La multiplicación fue tanto que dio para alrededor de 10,000 personas, pues solo hombres eran 4,000 sin contar mujeres y niños. Además, sobró. Aquí vemos la muestra de la providencia de Dios.

Hoy estamos ante un mundo sin fe, un mundo que, por un lado, solo quiere pan o medicinas y por otro solo quiere poder y dinero. Jesús ve nuestras necesidades a nosotros, los discípulos nos pide actuar, aunque sea poniendo la cuota más mínima: nuestros 7 panes…

Jesús nos enseña que seguirlo no es solo un tema de religión o de formas. No es solo estar en un templo con una mantilla puesta en la cabeza, y arrodillado en una adoración, y en una ultreya, y en un concierto cristiano, o en una comunidad encerrados.

Jesús nos enseña a que no seamos indiferentes al sufrimiento humano de los demás y actuar en misericordia. No se trata de decir frases bonitas y de leer panfletos ni llenar los formularios de un plan de pastoral, el cristianismo va más allá. Toca la debilidad humana y la transforma. Hay muchas referencias llamando la atención de nuestra falta de misericordia. Jesús levanta al que está herido en el camino cuando incluso los «religiosos» lo dejaron tendido para que muriera y se fueron a orar a sus templos.

Es la clave del pontificado del Papa Francisco. Hemos abandonado muchas veces el fondo por la forma. Francisco nos recuerda que hay que tocar la carne del que sufre, hay que mirar a los ojos cuando le damos al que nos pide.

Hoy millones de seres humanos, sobre todo niños, sufren hambre y sed. Esto mientras otro grupo viven en una injusta abundancia que genera mucha pobreza. Desechamos también mucha comida que no nos comemos.

El Señor no se queda ahí, no solo les daba el pan físico o los curaba de sus dolencias, sino que les pedía que cargaran su cruz para ser sus discípulos, completando así el alimento del alma y la salvación eterna, de manera que no solo debemos dar el pan físico sino también el espiritual.

Es la enseñanza de Jesús en este tiempo de Adviento.