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UN CÁNTICO NUEVO PARA EL SEÑOR

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MEDITACIÓN DEL SALMO DE HOY: 4/1/24 (SALMO 97).

El Salmo 97 es un canto de alabanza. “La alabanza es la forma de orar que reconoce, de la manera más directa, que Dios es Dios. Le canta por Él mismo, le da gloria no por lo que hace, sino por lo que Él es” (Catecismo 2639). Todavía en temporada de navidad, donde palpamos más directamente la novedad del Espíritu, este canto nos pone en sintonía con el acontecimiento inaudito que Dios ha realizado, la encarnación de su Hijo. A partir de dicho acontecimiento, podemos releer, en nuestra vida cotidiana, como el Señor sigue obrando maravillas.

“Canten al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas, su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo”. El salmista ha contemplado la presencia de Dios en la historia, en su comunidad, en su vida y, como resultado, motiva a toda la asamblea a corresponderle. De igual manera, te invita a ti para que también entones, desde tu corazón, un cántico nuevo. ¿Por qué nuevo?

Dios llega a tu vida, cada día, de una forma singular. Es el Dios de la sorpresa, del auxilio discreto. Él es quien da la victoria, quien te hace vencer, superar los obstáculos, y avanzar sin desmayarte. Renueva tus fuerzas y despierta tu creatividad. El Señor te rescata de la monotonía, del aburrimiento, del sin sentido. Te abraza en su misericordia y te hace nacer otra vez. Si te hace nuevo, entonces tu canto para Él también ha de ser nuevo. Él te pone en camino hacia su Hijo Jesús. Con Jesús ha nacido, no sólo tu esperanza, sino tu salvación.

El salmista nos introduce en la escuela espiritual de la creación. Ellos también entonan un cántico nuevo. El mar y la tierra retumban ante su presencia, los ríos aplauden, los montes aclaman… La naturaleza te enseña a alegrarte, a unirte a ese himno de alabanza. Dicha fiesta tiene motivo y fundamento; con la presencia del Señor llega la victoria, y el reino de justicia para regir la tierra.

Cuando tú experimentas la justicia de Dios actuando en tu propia piel, tienes los elementos necesarios para entonar un cántico nuevo, con nuevas motivaciones, nuevas evidencias, nuevas palabras, nueva inspiración, nuevas fuerzas, porque Él no duerme ni reposa. Las continuas maravillas del Señor no permiten cesar el cántico de alabanza en el corazón agradecido.

Señor: para ti, que eres Rey universal, que nunca se apague mi canto ni quede envejecido. Si toda la naturaleza te canta continuamente, Señor, no quiero dejar de hacerlo. Si tu victoria ha sido contemplada hasta en los confines de la tierra, yo también deseo ser parte de esa mirada contemplativa. Dame, Señor, por tu misericordia, un corazón puro, un corazón sano. Así te podré ver en todas las cosas. Quien te experimenta, Señor, no puede otra cosa que cantar, de nuevo, un cántico siempre nuevo.

Pregúntate en tu interior:

  1. ¿Dónde está tu canto para el Señor? ¿Cantas con responsabilidad?
  2. ¿Sabías que también el corazón canta en silencio? ¿Tú sabes cantar sin abrir la boca?
  3. ¿Nace de tu interior un cántico nuevo, por nuevos motivos, por nuevas inspiraciones?
  4. ¿Para qué estás cantando y para quién?
  5. ¿Por qué la justicia y la rectitud afinan las cuerdas del alma?
  6. ¿Quién te quiere robar tu cántico de alabanza?
  7. ¿Invitas e inspiras, con tu testimonio, a que los demás canten?
  8. ¿Qué fundamento y mérito tiene la alabanza en tiempos difíciles?