Sáb. Jul 2nd, 2022

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DÍA DE TODOS LOS SANTOS

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Hoy primer domingo de noviembre, celebramos el Día de todos los Santos. Un día en que debemos agradecer a todos aquellos, qué siendo personas como nosotros, decidieron ser santos como lo requería nuestro bautismo. Y es que todos debemos tratar de ser santos, como lo pide el Señor.

Hoy, el Evangelio nos habla de las Bienaventuranzas, y eso es lo que debemos de vivir en nuestra cotidianidad. Es bien difícil, pero Dios está siempre con nosotros. ¡“Dios sigue reinando!, sí, aunque sientas momentos de inestabilidad, aunque haya una aparente oscuridad, o quizás, tiempo de dificultad por todo esto de lo de la pandemia del Covi-19, ¡Jesús está vivo.

El orgullo tiene que morir y ser enterrado para que brote lo nuevo de Dios. Hay un orgullo en algunos ambientes, inclusive de Iglesia, que está tapando los ojos del pueblo y por eso no ven a Dios en su trono… Yo no temo ver.

Cada vez que veo más a Dios actuar, más lo amo… Muchas veces Dios quiere hacer más a través nuestro y nosotros le frenamos. Sacamos a flote lo que nos rodea. Mostrándole a Dios lo que es obvio para El… Dios sabía que era necesario una pureza de corazón para ver más, pues, solo los limpios verán más…

De lo que abunda el corazón, hablan los labios, dijo Jesús. Esta purificación es de dentro hacía fuera. Lo que funciona dentro funciona fuera. Lo que no funciona en lo íntimo, en lo interior, en lo privado, no funciona afuera, no funciona en lo externo o visible. Dios purificó con rojo vivo, como la Sangre de Jesús, que es lo único puro y que purifica.

Dios proveyó lo que sana y purifica. Dios nos capacita hoy a todos para comunicar vida, buena  noticia, acompañar y ser canal de bendición para todo aquel que lo necesite, principalmente para los que nos rodean.” (Tomado de Rayo de Luz).

Vamos pues, todos hoy a vivir como vivieron los Santos que hoy recordamos y hagamos el bien a todo aquel que lo necesita. “ No nos dejemos contagiar por el derrotismo según el cual todo va mal; no es el pensamiento de Dios. Y los tristes no son cristianos.

El cristiano sufre tantas veces, pero no cae en la tristeza profunda del alma. La tristeza no es una virtud cristiana. El dolor si lo es. Para no dejarnos robar el entusiasmo del Evangelio, invoquemos cada día al Autor, al Espíritu Santo, el Espíritu de la Alegría que mantiene vivo el ardor misionero, que hace de la vida una  historia de amor con Dios, que nos invita a atraer al mundo solo con el amor, y a descubrir que la vida solo se puede poseer dándola.”