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EL HAMBRE DE JESÚS

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EVANGELIO DE HOY: 28/5/21 (Mc 11,11-26)

Luego de que la muchedumbre le hubiera proclamado rey, Jesús entró al templo y,

LO ESTUVO OBSERVANDO TODO:

¿Qué observó Jesús? Que el espacio sagrado, destinado a ser casa de oración, acogida, instrucción, se había convertido en “cueva de bandidos”. Tráfico y comercio lucrativo dejaban “estéril” el espacio de encuentro con Dios. La corrupción contaminó la fuente. Se entraba al templo con un propósito y, nada; estaba seco por dentro. Jesús, como su Madre, “guardó todo en su corazón”, en ese momento, porque era tarde.

SE MARCHÓ A BETANIA CON LOS DOCE:

Betania, la querida Betania; lugar de descanso y recreo para Jesús. Allí tuvo acogida, con sus amigos. Espacio meditativo y de discernimiento para digerir todo lo vivido y observado durante el día. Con razón deseó Santa Faustina, que su corazón fuese “casa de Betania”, donde el Señor descanse siempre que fuese necesario…

JESÚS, CUANDO SALIÓ DE BETANIA, SINTIÓ HAMBRE:

Pudiera pensarse que no le dieron desayuno; pero no. Jesús no sintió hambre en Betania porque allí Dios estaba presente. Se respiraba santidad. Al salir, sintió hambre de Dios. “Vio una higuera con hojas, y se acercó para ver si encontraba algo”; nada, muchas hojas y cero frutos. Es el retrato del pueblo, con mucha apariencia, superficialidad, pero sin sustancia, sin sentido, sin horizonte, sin Dios. No era tiempo de ser adornos, a criterios de Jesús. No era tiempo de estar seco, ocupando espacio, con follaje y sin sustancia. Mejor secarla de una vez: “Nunca más coma nadie de ti”. Aquello que se come incide en la persona.

ENTRA NUEVAMENTE AL TEMPLO:

… y es en el templo donde inicia la poda, con el “machete” de su Palabra y autoridad. Quita las ramas secas, que impiden dar frutos del Reino, necesarios para su venida. Deshace de todo lo que neutraliza el alimento verdadero. Barre la casa de Dios.

Señor: ven a nuestra higuera, entra en nuestro templo, observa todo lo que hay. Que tu presencia y tu mirada, tu palabra sanadora, quite tanto follaje inútil que nos entorpece el camino a la sabiduría. Tumba las mesas que ocupan puestos innecesarios. Centra nuestro corazón y nuestro interés en Ti. Danos la gracia de priorizar, en nuestra vida: la fe, la oración y la reconciliación, camino inconfundible para fructificar en abundancia; ahí nos das tu bendición.

  • Cuando Jesús me observa ¿qué encuentra en mí?
  • Cuando visita en mi corazón ¿siente colmada su necesidad o siente hambre?
  • ¿Cómo alimento la vida de fe, oración y reconciliación para dar frutos?

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