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DE LOS INSULTOS A LA RECONCILIACIÓN

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EVANGELIO DE HOY: 10/6/21 (Mt 5,20-26)

Jesús inicia advirtiendo: “Si no son mejores que los letrados y fariseos, no entrarán en el Reino de los cielos”. El sentido de lo expresado puede apuntar en que éstos se limitaban a cumplir la Ley al pie de la letra. Si la ley dice: “No matarás”, ellos no mataban, y creían vivir en santidad perfecta. Pero Jesús nos trae el salto de la Ley a la Gracia: una cosa es cumplir, y otra es amar.

Jesús corrige tanto el mal genio, en las relaciones interpersonales, como los insultos más populares de su época. Quiere decir que, hay que rendir cuentas ante el Señor, no sólo cuando se comete un homicidio, literalmente, sino cuando se hiere a los demás con agresiones y malas palabras. ¿Qué situaciones/actitudes lastimaban la convivencia social en su tiempo?:

PELEARSE CON EL HERMANO

Esta actitud tiene que ver con encolerizarse contra otra persona. Enojarse fácilmente. Descontrolarse emocionalmente. Ser agresivo. Intolerante. ¿Por qué Jesús lo cuestiona? Porque esta postura contradice la misericordia. Es el polo opuesto de lo que vive y enseña Jesús, que es el mismo reflejo de lo vivido en la Santísima Trinidad. Los sentimientos de cólera matan, deterioran al propio agresor, y lastima a la víctima, siendo una especie de homicidio del cual hay que rendir cuentas.

LLAMARLE IMBÉCIL

El llamarle “imbécil”, también puede ser traducido por llamarle “frívolo”, “loco”, “cabeza hueca”… El sentido del término parece ser uno de los insultos más comunes en la época de Jesús. Podemos meditar que éste es una ofensa al ser humano, en cuanto ser “imagen y semejanza de Dios”. Cuando se insulta al otro ofendemos a Dios mismo, porque se le maltratan sus hijos y sus hijas amados. La novedad que trae Jesús es, más exigente que cumplir la Ley. Cumplir es cumplir. Amar no tiene tiempo ni lugar. Es una actitud de vida, de contemplación, y fuerte sentido de comunión espiritual.

LLAMARLE RENEGADO

Usted puede percibir que los insultos se van agravando; éste podría estar relacionado con “descalificar”, “acusar al otro de que “su sal”, “su compromiso” se ha vuelto insípido. Al mismo tiempo, se le acusa de ser insensato, necio… Con esta postura agresiva, se invade el espacio del Espíritu, que es quien conoce y pesa las acciones. Con el descarte de los demás, no se actúa a la manera en que Dios lo hace.

En síntesis: los insultos dejan heridas en las personas; por eso dice el Señor, “si tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte…”. Un corazón reconciliado es la mejor ofrenda.

Señor Jesús: manso y humilde de corazón, haz nuestro corazón semejante al tuyo.

  • ¿Cómo está mi convivencia con los hermanos y las hermanas?
  • ¿He insultado a alguien? ¿Con qué palabras o gestos?
  • ¿Cuántos nudos cargo en mi corazón que necesitan reconciliarse? ¿Qué estoy esperando para hacerlo?
  • ¿Cómo analizo estas palabras: “procura arreglarte mientras todavía vas de camino”?

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