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EXAMEN PARA DESENMASCARAR Y SUPERAR LOS AGOBIOS ESTÉRILES

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EVANGELIO DE HOY: 19/6/21 (Mt 6,24-34)

En el evangelio de hoy 6 veces se hace referencia al “agobio”, palabra procedente del griego “merimma”, también traducida por “preocupación”, “afán”, “ansiedad”. En el contexto de estas enseñanzas de Jesús, hace alusión a las cosas pasajeras que acaparan el corazón distrayendo de lo esencial. Se refiere a la tensión por seguridades materiales, que llevan a la dispersión, distracción, enfriamiento de la fe. Meditemos, intentando desenmascarar los agobios estériles y, al mismo tiempo, buscar estrategias para superarlo. Tomemos un tiempo en silencio y sigamos estos pasos:

  1. Identifique al Señor de su vida. Observe si está en mayúscula, la S. Porque hay “señores”, con minúscula, que buscan invadir el espacio de Dios.
  2. Pregúntese: ¿Quién le está gobernando la vida? La respuesta del punto 1 ha de ser coherente con la del punto 2. A quien se tiene por Señor, o señor, ese lleva el rumbo de sus días por esta tierra.
  3. ¿A qué o a quién le dedica las mejores horas de su día? ¿Qué piensa el día entero? ¿De qué habla? Sus diligencias ¿Qué fin tienen?
  4. Intente responder con sinceridad, en este momento, ¿a quién le está sirviendo?

Cuando Jesús alerta a que no estemos agobiados pensando “qué comer” o “qué vestir”, también nos advierte sobre la tentación de estarnos sirviendo a nosotros mismos, a nuestro propio mundo de intereses personales. Desea liberarnos, pues no tenemos una vida creada para “darle comida”, ni un cuerpo para “ponerle vestido”. Jesús desenmascara lo superfluo para aterrizarnos en lo verdaderamente genuino. ¿Hacia dónde Él nos conduce? A abrazar el verdadero sentido de la vida: servir, enteramente, a tiempo completo, al Reino de Dios. Llama la atención que “pájaros” y “lirios”, sin ser imagen y semejanza de Dios, han aprendido, de manera estupenda, cómo se vive, y nos enseñan a vivir. No es lo mismo dar migajas a Dios, que servirle con la dignidad de quien lo tiene como centro y Señor único.

Cristo Jesús: estamos a tus pies para traerte todos los agobios estériles, disculpa que algunos hasta nos han quitado el sueño, debilitando la calidad de nuestra entrega. Lo más sabio es dártelos; tú, en tu infinita misericordia, sabrás qué hacer con ellos. Por favor, que no se entretengan nuestros sentidos en cosas que provees a quienes se ocupan y preocupan para que seas más conocido, más amado, más obedecido.

Recemos el Salmo 33: “El ángel del Señor acampa en torno a sus fieles, y los protege. Gusten y vean qué bueno es el Señor, dichoso el que se acoge a Él”.

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