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ETAPAS DECISIVAS EN TODO PROYECTO DE JESÚS

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LECTURAS DE HOY: 20/6/21
(Job 38,1.8-11; Sal 106; 2Cor 5,14-17; Mc 4,35-40)

El evangelio de hoy nos sitúa ante etapas decisivas que marcan todo proyecto de Jesús. Las personas de ojos abiertos, en la historia de salvación, reciben la gracia de discernir cada una de estas fases, lo que ayuda a cultivar paciencia y perseverancia. A manera de meditación, intentaremos descifrarlas desde el lenguaje en que Marcos las presenta:

1. EL LLAMADO DE JESÚS: “VAMOS A LA OTRA ORILLA”

Todo comienza con una llamada, una propuesta. Nada pudiera emprenderse, que sea verdadero, si esta voz no resuena en el interior. El Señor tiene la primacía. Es quien invita a ir “a la otra orilla”. Saca del espacio de confort, del terreno labrado. Ir a la otra orilla habla de itinerancia, desinstalación, y disposición para las nuevas urgencias apostólicas. La invitación de Jesús a sus discípulos es acogida por ellos, y marchan. Muchas veces, a nosotros, el Señor nos hace propuestas de proyectos y misiones, y con entusiasmo decimos que sí. Ir a la otra orilla con Jesús es una experiencia fantástica. A esta altura de la etapa las cosas van bien. ¿A qué “otra orilla” el Señor me está invitando hoy?

2. FUERZAS CONTRARIAS A LA PROPUESTA DE JESÚS: “SE LEVANTÓ UN FUERTE HURACÁN”

Recordemos el propósito por el que van a la otra orilla, y qué les espera. Se lleva el Reino, pero el espacio está controlado por los demonios. Y es, justamente, la fuerza de este mal, que desea impedir el paso a Jesús y sus discípulos. El mal se esfuerza por acabarlos; levanta fuertes olas en su contra para derribar la barca, la Iglesia, el proyecto. La gente de fino discernimiento espiritual sabe que cuando un proyecto tiene todo a su favor, no viene de Dios. Lo específico de la obra divina genera controversias muy serias. Las aguas descontroladas no buscan empapar a la gente, sino ahogarlas sin bromas. ¿Cuáles vientos amenazan mi barca? ¿Qué tanto éstos me desestabilizan? ¿Qué me dicen mis propios miedos?

3. EL SILENCIO DE JESÚS: “ESTABA EN POPA, DORMIDO SOBRE UN ALMOHADÓN”

Cuando la gente oye el llamado de Jesús, es porque tiene una experiencia de Él. Pero toda fe es probada. ¿Cuántos kilómetros, pruebas, dificultades resiste la fe que tengo? Pues resulta que los discípulos se desesperaron, como nos ha pasado a nosotros también. Llama la atención la forma confianzuda en que los discípulos le despiertan “¿Maestro, no te importa que nos hundamos?” ¡Cuántas veces hemos halado el manto de Jesús para que despierte! Lo hacemos dormido. Nos provoca crisis. Sin embargo, ¡cuánto se aprende y se crece en estos aprietos! Si Jesús nos evitara el susto con las olas y los vientos, nuestra fe quedara tan débil que no serviría de nada. ¿Qué actitud tomo cuando experimento, en medio de la tormenta, el silencio de Jesús?

4. INTERVENCIÓN DE JESÚS: “SE PUSO EN PIE…”

Jesús no deja a su gente en vergüenza, ni defrauda a quienes les siguen. Pedagógicamente les demuestra que aún están pequeños en la fe y la confianza. Jesús da la cara con responsabilidad. Asume el lío que por Él se ha armado. Y deja claro en quién está la autoridad. Es una experiencia fuerte. Nos invita a tener memoria de que Él nunca nos ha quedado mal. Él es el único Maestro en la barca. Todo el trayecto, hacia la otra orilla, también implican los silencios de Jesús. Al mismo tiempo, la confianza en Él quien no abandona la barca. Va con nosotros. ¿Cuáles son las señales de que Jesús se pone en pie en medio de la tormenta?

5. RECONOCIMIENTO DE JESÚS Y TAREA PARA ALIMENTAR LA FE

No hay que esperar los boches de Jesús para disponernos a cultivar la fe, alimentarla. La fe se alimenta con la oración, la vida sacramental, con la prioridad del Señor en nuestras vidas… No pidamos ausencia de tormentas en nuestra barca, sino una fe sólida, en aumento constante, que nos permita llegar, siempre, hasta la otra orilla, sin devolvernos. En este trayecto, nos enseña la primera lectura de hoy, que hemos de reconocernos pequeños ante la grandeza de Dios. Pablo, por su parte, nos invita a bucear en Cristo, quien nos hace, en sus santas aguas, criaturas nuevas.

  • -¿En cuáles de esas etapas, hoy, me reconozco? ¿Por dónde vamos en la barca? ¿En cuál de las etapas? ¿Qué aprendo de este itinerario de fe?

Con el salmista digamos: “Demos gracias al Señor, porque es eterna su misericordia”.

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