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ESTANDO CON JESÚS NO HAY CRUZ PESADA

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EVANGELIO DE HOY: 15/7/21 (Mt 11,28-30)

Al evangelio de hoy le antecede los resultados del envío y la misión de los discípulos. Todo indica que esos discípulos han dado todo de sí en la tarea asumida; se trata del cansancio alegre del que nos habla el papa Francisco. Pero como todo obrero merece su salario, aquí se nos presenta la gran recompensa de quienes no se reservaron ningún esfuerzo por el Reino de Dios: volver a la intimidad con Jesús nuevamente; Aquel que les envía, les pide, ahora, restaurar las fuerzas junto a Él. En la petición/invitación destaca tres verbos en plural: vengan, carguen, aprendan. Meditemos:

VENGAN A MÍ TODOS LOS QUE ESTÁN CASANDOS Y AGOBIADOS

Es hermoso ese verbo en plural “vengan a mí…”, porque refleja la persona de Jesús como casa abierta, donde todos y todas tienen acogida. Jesús no se llena como si fuese un lugar cerrado. En Él siempre hay espacio para los demás. Muchas veces el mismo Jesús se retiró a descansar. Lo hizo, especialmente, en la casa de Betania. Ahora Él es esa Betania donde los suyos pueden encontrar reposo.

La invitación se dirige, de manera especial, primero a los que están cansados. ¿Quién ha dicho que ser misionero o misionera no provoca cansancio? Luchar por el Reino agota. ¡Pero qué bendito cansancio! aquel que hincha los pies y provoca júbilo en el corazón. También se convocan a los agobiados, aquellos que les superan las circunstancias, la falta de tiempo, las complejidades pastorales, las situaciones de injusticias que parecen ahogar las semillas del Reino… Jesús pide a los suyos que vayan a Él con todos los pesares.
Jesús, cuando manda a llamar a los cansados y a los agobiados sabe muy bien qué ofrecerles: les ofrece alivio. Él es bálsamo restaurador. Ya usted podría imaginarse los detalles de Jesús, en su amor creativo, para quien llegue a Él exhausto, débil, sin fuerzas.

CARGUEN CON MI YUGO

En la secuencia de sentido, Jesús es claro al definir el tipo de yugo, de cruz, que ha de cargarse, la suya. El verbo “cargar”, en este sentido, también tienen su hermosura. No hay seguimiento sin cruz. Pero diferenciemos la cruz de Cristo, de otras que uno se crea. Pensemos en la cantidad de pesos inútiles que nos tiramos encima, que no llevan a ningún lado, ni son provechosos para el Reino. Pesos que no dan vida, sino que la quitan; que no dan alegría sino que embotan el alma, debilitando su felicidad y su sentido. El yugo de Jesús es diferente. Él se hace responsable de su exhortación. Sigue motivando la entrega. Da las claves para que su yugo sea llevadero y ligero, pues estando con Él nada pesa.

APRENDAN DE MÍ QUE SOY MANSO Y HUMILDE DE CORAZÓN

La belleza de este verbo, también, es incomparable: “aprender”. El aprendizaje al que llama Jesús invita a tener, estando con Él, actitud de discípulos. El buen maestro nos da las dos hermanas que han de acompañarnos en todo su camino: la mansedumbre y la humildad, virtudes que se encuentran en el corazón de las bienaventuranzas.
Un día, un monje le dijo al otro: -vamos a pelearnos. Le respondió: -y ¿cómo es que se pelea? El compañero prosigue: -mira, yo tengo un pan; me tienes que decir que te lo pase. Así lo hizo. Cuando se lo pidió, quien tenía el pan, sencillamente se lo pasó.

La persona mansa y humilde sabe distinguir las causas esenciales en la vida por la cual se discute. Puede ceder sin alterarse, porque sabe que la mejor parte nunca le será quitada. Estas dos virtudes hacen vivir en el sagrado corazón de Jesús. Ellas son las mediaciones del alivio sagrado. ¡Cuántos cansancios y agobios inútiles nos evitaríamos con ellas! Mansedumbre y humildad son las puertas de entrada para disfrutar del regazo de Jesús.

Señor: nosotros queremos ir hasta ti, cargar con tu yugo y aprender de ti la mansedumbre y la humildad. Lejos de ti no se aprende nada. Es ahí, cerquita, donde nos vas educando con el ejemplo. Haznos nuevos, Señor. Despierta en nosotros la riqueza de tus valores, para acogerlos como principios esenciales de vida. En un mundo que siembra violencia, nosotros deseamos contagiar mansedumbre. Ante tantas influencias orgullosas apostamos por testimoniar la humildad. No queremos cara de cansancio ni de agobio, porque en ti, todo yugo es suave y ligero.

  • ¿Por qué cuando se ama todo yugo es ligero?
  • ¿Estoy cargando el yugo de Jesús?
  • ¿Cuáles cargas inútiles necesito despojar de mis espaldas?
  • ¿Cómo se integran en mi vida la mansedumbre y la humildad?