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ABRIENDO LOS OJOS DEL CORAZÓN: SUPERANDO LA GENERACIÓN PERVERSA

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EVANGELIO DE HOY: 19/7/21 (Mt 12,38-42)

En el evangelio de hoy salen a escena los escribas y los fariseos pidiendo un signo a Jesús. A esta altura de la misión, Él ha alcanzado notoria popularidad en su vida pública. Es significativa la diferencia entre los pobres y los necesitados que se le acercan para ser curados, liberados, o para aprender de la Buena Nueva, que estos hombres que lo hacen movidos por la curiosidad, como si los signos del Reino fuesen espectáculo al servicio de caprichos personales. Para dar un escarmiento, Jesús recurre a dos personajes conocidos en la historia de Israel. Meditemos y aprendamos:

AQUÍ HAY UNO MÁS QUE JONÁS

En la vida de fe es muy importante tener memoria de cómo Dios ha actuado desde antiguo. Teniendo memoria nos damos cuenta de que Él ha sido coherente en su manera de ser y de actuar. Esto permite madurar el discernimiento para reconocerle e identificarle, para responderle como espera.
Jesús recuerda los tres días y las tres noches de Jonás en el vientre del pez; anuncia que ese mismo ciclo permanecerá Él en el seno de la tierra. Además de las interpretaciones escuchadas al respecto, nace reflexionar que en ocasiones, aunque uno no tenga condiciones de distinguir una señal, Dios está aconteciendo en silencio. Se trata del silencio donde la misericordia divina transforma, convierte, hace nacer una nueva criatura.

Pudiéramos perder la oportunidad de crecer espiritualmente buscando signos visibles, cuando la gracia de Dios está trabajando, con poder, en las cosas que no se alcanzan a ver con ojos humanos. Mucha gente se muere esperando un signo, una respuesta, una llamada. Se van al otro mundo insatisfechos, apenados, amargados, desorientados; sencillamente, porque estaban buscando lo que tenían al frente.

La gente de Nínive se convirtió en esos tres días; y lo hizo mediante la predicación del profeta más malcriado en la Sagrada Escritura. Todos sabemos que Jonás predicaba sin querer que la gente se convierta. Es la locura más grande en la literatura profética. Sin embargo, triunfó la misericordia, y hasta los animales del pueblo hicieron penitencia. Pero Jesús, que es más que Jonás, está siendo ignorado. Se entiende que en tiempos finales, la gente de Nínive le reclamará la brutalidad con la que se han comportado.

Cabe preguntarnos si nosotros nos estamos deleitando buscando signos y prodigios, sin dejar que la persona de Jesús toque nuestro corazón, para convertir en él los propios signos adúlteros y perversos. Lo que es peor, que si por no enfrentar nuestras miserias y dejarnos curar por Jesús, estemos buscando signos externos como excusas distractoras.

AQUÍ HAY UNO MÁS QUE SALOMÓN

Se queda evidente, por la coherencia del texto, que las personas que han cambiado de vida, que se han convertido, serán testigos en el juicio final. Por esto, la reina del Sur, como la gente de Nínive se levantarán en contra de la generación que no supo ver, ni escuchar, ni discernir, sino que se quedó embotada espiritualmente, sin reacción ninguna ante todos los mensajes de Jesús.

La reina del Sur hizo un viaje largo para escuchar la sabiduría de Salomón. Sin embargo, el pueblo de Jesús, que lo tiene ahí cerca, que lo mira con sus propios ojos, no acoge el chorro sapiencial que brota de sus labios, de su persona, de sus actitudes. Ciertamente, Jesús está indignado; y daría mucho pesar que, a tantos siglos, lo siguiera estando con nosotros. Porque el Resucitado está aquí, y Él es más grade que un profeta, y más que cualquier rey terrenal, es el Hijo de Dios.

Señor: hoy queremos pedirte perdón por dejarte hablando solo. Porque no pocas veces dejamos desperdiciar tus señales. Todos los días, y a cada segundo acontecen milagros. Se nos escapa la acción de gracias y con ella, el milagro del corazón latir, los ojos ver, el oído escuchar… Se nos escabulle el prodigio de respirar, el misterio de amar de tan variadas maneras. Señor, no nos deleitamos en el misterio del sol que nace, de la luna que llega cuando él se va… Se nos escapa el milagro del universo conocido, y del desconocido también… Ay, Señor, el milagro de la vida lo tenemos ahí, y se nos pasa la oportunidad de contemplarlo, por andar buscando caprichos baratos. Ayúdanos a detenernos, a descubrirte. Porque no queremos ser parte de esa generación perversa y adúltera. No queremos pedir signos, porque en ti, ya somos signos de misericordia.

  • ¿He andado buscando los signos que tengo cerca?
  • ¿Le estoy exigiendo algo, a Jesús, para creer?
  • ¿Cuál es la diferencia entre una fe madura, con memoria de Dios, y una fe superficial, que no sabe caminar en lo oscuro?