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LA RED: LO QUE NO SE HIZO EN EL MAR, NO SE IMPROVISA EN LA ORILLA.

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EVANGELIO DEL DIA

EVANGELIO DE HOY: 29/7/21 (Mt 13,47-53).

El Maestro de los maestros, Jesús, sigue formándonos en lo que atañe al Reino de los Cielos. Lejos de querer infundir miedo, la nueva parábola invita a tener conciencia de que hay criterios para participar del Reino; y que hemos de aprovechar el tiempo mientras “nademos” en el “mar” de la vida. El relato comienza diciendo que este Reino se parece a:

LA RED QUE ECHAN EN EL MAR Y RECOGE TODA CLASE DE PECES

  • Como el trigo y la cizaña (juntos en el mismo campo), así toda clase de peces comparten la misma agua, el mismo mar.
  • La red es echada por alguien: el Señor es quien dirige la pesca, dueño de la misma. Nunca ha olvidado los peces, todos nosotros.
  • Los peces tienen diferentes ritmos, diversas maneras de ser y comportarse.
  • El diestro pescador, pacientemente, espera el desarrollo de los peces, les da un tiempo prudente. Echa la red en su momento.
  • El objetivo de echarla es claro: encontrar algo que sirva, que sea bueno y útil, que sea alimento para los demás. El Reino es fiesta y banquete.

CUANDO ESTÁ LLENA, LA ARRASTRAN A LA ORILLA

  • Hay un espacio de tiempo, nuevamente, entre el acto de echarla y esperar que se llene. La paciencia de Dios se destaca.
  • El verbo “arrastran”, en plural, habla de que el Señor tiene varios colaboradores en esta tarea, sus ángeles.
  • Llama la atención la calidad de la red. No se rompe. Es perfecta.
  • Sobresale la fuerza y la precisión de quienes halan hasta la orilla.
  • Los peces no pueden resistirse. Son débiles. Alguien mayor que nosotros nos conduce.
  • El tiempo de nadar “olímpicamente” en el mar de la vida tiene caducidad.
  • Llega el momento de ser conducidos a la orilla.
  • En la orilla quedarán evidentes nuestros dones, y nuestros límites.

SE SIENTAN, Y SE REÚNEN LOS BUENOS EN CESTOS Y LOS MALOS LOS TIRAN

  • Otra vez, la paciencia, con la imagen de “sentarse”.
  • Arrellanados en la orilla, cómodamente, inician la indagación.
  • Sólo con verlos, se distinguen. Los peces no hablan. Los que escudriñan tampoco, sencillamente, ejecutan.
  • Es el momento de la revisión sincera de la vida.
  • Ahí se sabe cómo los peces aprovecharon el tiempo en el mar.
  • Lo que no se hizo en el mar, no se improvisa en la orilla.

Señor, gracias porque en cada mañana nos expones nuevamente lo que esperas de nosotros. Tú también te pareces a ese profesor quien prepara estudiantes ofreciéndoles las preguntas del examen. ¡Y qué tanto disfrutan los estudiantes este método! Ojalá que sepamos aprovechar tu pedagogía. Queremos que nos lleves, hoy, hasta tu orilla, que nos escudriñes y nos indagues pacientemente. En tu presencia, y a tus criterios, deseamos sacar lo que no sirve de nosotros; dejar lo bueno, aquello que alimenta a los demás. Son hermosas las palabras de San Juan de la Cruz, y en conciencia la tomamos prestadas para orar: “Al atardecer de la vida nos examinarán del amor”.

  • ¿Cómo estoy aprovechando el tiempo en el “mar” de la vida?
  • ¿Con qué me presentaré en la orilla?
  • ¿Cuándo fue la última vez que me senté, sin celular, para hablar con el Señor?