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EL HIJO DEL CARPINTERO: NO TIENE MADERA, TIENE PALABRA

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EVANGELIO DE HOY: 30/7/21
(Mt 13,54-58).

El evangelio nos presenta a Jesús enseñando en la sinagoga de su pueblo. Sus conocidos se escandalizan, porque lo que oyen y ven no les concuerda con la familiaridad del predicador. La controversia no la enciende su sabiduría ni los signos que realiza, sino el que tales dones y sapiencia provengan del hijo del carpintero. Meditemos:

EL HIJO DEL CARPINTERO

  • En la cultura bíblica los hijos heredaban el oficio del padre.
  • Se esperaba que Jesús, no sólo supiera trabajar la madera como su padre José, sino que se dedicara a esto.
  • El hijo de María ya estaba vislumbrado, por sus compueblanos, como carpintero.
  • Lo habían definido.
  • ¿Usted ya pensó en la personalidad de Jesús?
  • Él no fue lo que las otras personas quisieron que fuese, sino lo que Dios quiso que sea.
  • No se dejó condicionar.
  • ¿Se ha imaginado a Jesús reflexionando mientras trabajaba con José?
  • ¿Cómo iría reinterpretando todo su oficio con los ojos de Dios?
  • Algo muy bueno salió de los 30 años en Nazaret:
  • Un “ebanista” que, con la Palabra, lija corazones hasta transformarlos en hijos de Dios.

¿DE DÓNDE SACA TODO ESTO…?

  • Dos veces se pregunta la asamblea, de dónde saca todo lo que lleva consigo.
  • Es la inquietud fundamental.
  • ¿Cómo tuvo acceso? ¿quién lo ha instruido?
  • Hasta se nombran a sus parientes para confirmarse que se trata de la misma persona.
  • Si ha crecido sin distinción, ¿por qué se distingue en la asamblea?
  • ¿Qué ha tenido ese hijo del carpintero que no lo hayan tenido los otros hijos?
  • En vez de sacar maderas, saca palabras.
  • El taller sapiencial lo lleva consigo.
  • El desconcierto es grande. El rechazo también.

Señor: tú has heredado el oficio de tu Padre, tu Padre, Dios. Llevas perpetuamente la Palabra creadora, capaz de transformar todo caos y confusión. Despierta y aumenta nuestra fe para permitir que Dios sea Dios. No queremos encasillar a las personas, limitarlas, como si nosotros fuésemos sus dueños. Tampoco queremos frenar tu obra en nosotros mismos, encharcados en las definiciones que nos han hecho, y vivir en el engaño. Nos daremos permiso, Señor, para ser nuevos en tu gracia.

  • ¿Sé contemplar la obra transformante de Dios en personas ya “conocidas”?
  • ¿De dónde saco lo que comunico a los demás?
  • ¿Soy lo que Dios ha soñado que sea?