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LA MADUREZ ESPIRITUAL NO SE IMPROVISA: SIN ORACIÓN NOS HUNDIMOS

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EVANGELIO DE HOY: 3/8/21 (Mt 14,22-36).

El evangelio de hoy nos presenta la imagen de la barca, con Jesús y sus discípulos, en medio del mar tempestuoso. Importa destacar que llevan un rumbo, una misión por el Reino; pero fuerzas contrarias se oponen. Tres veces, en el texto, se hace referencia al miedo. Meditemos estas circunstancias, haciendo, a su vez, una relación con nuestra vida de fe cotidiana, especialmente, cuando se presentan serias dificultades.

LOS DISCÍPULOS GRITARON DE MIEDO

  • – Ya iban, en la barca, lejos de tierra. No tuvieron posibilidad de devolverse. Perdieron el control humano.
  • – La fuerza extraña se aprovecha: están vulnerables y, principalmente, sin Jesús. Embarcaron solos.
  • – Mientras los discípulos se amedrantan ante la tormenta: Jesús camina sobre ella.
  • – Sin fe no reconocen a Jesús, en esa situación.
  • – El temor les cubre las pupilas de la fe: leen al revés su presencia, como un fantasma.
  • – Esos fuertes pescadores, diestros en asuntos de barcas y mares, ahora son como niños llorosos. Es ahí, en esa pobreza, donde todos nosotros, al quedar evidentes, nos descubrimos y nos conocemos.

¡ÁNIMO, SOY YO, NO TENGAN MIEDO!

  • – Jesús, con esa expresión, se la pone fácil a sus discípulos.
  • – No les reprocha, en un primer momento; se les manifiesta.
  • – Pedro, y con él los discípulos, y nosotros mismos, todavía dudan; hay necesidad de confirmar: “Si eres tú, mándame ir hasta ti andando sobre el agua”…
  • – Jesús le concede el deseo, y le manda a ir. En la vida nos atraen personas, de firmeza espiritual, en situaciones fuertes, y quisiéramos ser como ellas.
  • – Pero, la madurez espiritual no se improvisa: Jesús se había pasado mucho tiempo en oración.

AL SENTIR LA FUERZA DEL VIENTO SINTIÓ MIEDO

  • – Sin oración no se aguanta la travesía de caminar hacia Jesús en medio de la tormenta.
  • – La poca firmeza creyente de Pedro, en ese momento, no le garantizaba tener los ojos fijos en Jesús.
  • – El ruido del viento lo distrajo; era, a sus oídos, más fuerte que la voz de Jesús.
  • – Vemos el resultado, la consecuencia, cuando se sintoniza con la voz contraria:
  • – Uno empieza a hundirse.
  • – Hasta que no haya convencimiento personal de que la autoridad de Jesús está por encima de la fuerte tormenta, no puede venir la confianza.
  • – Pedro, y todos nosotros, cuando tenemos miedo, bajamos un escalón más hacia nuestra miseria. Y desde esta miseria gritamos:
  • – “¡Señor, sálvanos!” Y el buen Jesús: extiende la mano y nos agarra. Una vez puestos a salvo, nos echa un boche:
  • – ¡Qué poca fe! ¿Por qué han dudado?
  • – Esto parece una película. Y, si nos sabemos el guion, que se repite y se repite, por qué no aprendemos, de una vez, que el miedo no viene de Dios; que Dios siembra confianza; que el diablo infunde miedo. ¿A quién vamos a creer?

Señor: gracias por la paciencia que tienes con nosotros. Gracias porque siempre tu mano está dispuesta y disponible para tomarnos, cada vez que nos distraemos y nos hundimos. Danos la gracia de estar centrados en Ti; de ir hacia Ti con firmeza y confianza. Nosotros no queremos hacer oración en medio de la tormenta, queremos orar siempre. Porque en la oración está la vitamina que nos abre los ojos del corazón para descubrirte fiel, como eres, en toda circunstancia. Ya hemos bebido mucha agua por la nariz, y no es fácil. No queremos ir agonizando por la vida. Enséñanos a vivir confiados. Trabajando por tu Reino sin perder el tiempo.

  • ¿Has tenido experiencia de hundirte aunque Jesús esté cerca?
  • ¿Qué grita más en ti: la voz de Jesús o los ruidos del viento?
  • ¿Cuándo fue la última vez que te retiraste solo para hacer oración?