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CON LA LUZ DEL ESPÍRITU: NO SE HACE DURO EL LENGUAJE DE JESÚS

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LECTURAS DE HOY: 22/8/21
(Js 24,1-2ª.15-18b; Sal 33; Ef 5,21-32; Jn 6,60-69)

Desde la primera lectura (Jos) se observa la decisión del Pueblo, interpelado por Josué, de no abandonar al Señor para servir a otros dioses. La decisión de fidelidad está basada en dos dimensiones: tienen memoria del amor primero, de lo que Dios ha hecho por ellos; son conscientes de que sin Él vuelven al vacío y a la nada. Leer los acontecimientos de la historia y del presente, a la luz de la fe, es el ancla que le permite permanecer firmes. Si Dios no se muda, el Pueblo tampoco. Por la luz del Espíritu, las exigencias del Señor se les hacen ligeras y agradables.

En la segunda lectura, san Pablo inaugura sus exhortaciones al matrimonio a partir del respeto cristiano. La expresión “respeto cristiano” es muy profunda. Cuando el apóstol habla del sometimiento de la mujer al marido; él como cabeza de ella, está indicando que ambos caminen en la misma dirección. Tres veces insiste Pablo en el amor que el marido ha de tener a su mujer. Donde prevalece el amor no hay dominio, ni atropello; el lenguaje no se hace duro, porque está inspirado en el amor de Cristo por la Iglesia. Así como el Pueblo prevalece fiel por su memoria agradecida de Dios; el matrimonio ha de anclarse en las buenas memorias que lo han hecho enraizarse y madurar. Cuando Cristo es centro y farol de la familia, la dignidad del matrimonio les hace santos.

En el contexto del evangelio, son identificados tres círculos de los discípulos de Jesús: aquellos que le seguían en la multitud; otros que colaboraban con Él; y el grupo más íntimo, de los Doce. Llama la atención que cuando los discípulos expresan: “Este modo de hablar es muy duro, ¿quién puede hacerle caso?”, se refiera no a los Doce, sino a esos otros.

¿Qué hace a los discípulos encontrar el lenguaje de Jesús duro? Él les está hablando del centro eucarístico y su misterio; un misterio que implica morir para dar vida. Importa considerar que mayoría de los discípulos están entendiendo lo que esto implica. Y como entienden, no lo aceptan, echan para atrás, ponen objeción. El texto utiliza varias expresiones que indican que sin la fe, sin la luz del Espíritu Santo, este lenguaje es inadmisible: “El Espíritu es quien da la vida”, “Las palabras que les he dicho son Espíritu y vida”, “Nadie puede venir a mí si el Padre no se lo concede”.

Pedro, lleno del Espíritu Santo, al dirigirse a Jesús, sintetiza y actualiza esa decisión que ha tomado el Pueblo de Dios desde antiguo: “¿A quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios”.

Señor: no queremos quejarnos ni echar para atrás en tu seguimiento, con la excusa de que tu lenguaje es muy duro. Auméntanos el don de la fe, para cambiar cualquier vestigio de lamento; como el salmista y todo el Pueblo santo vamos a tomar la decisión de: “bendecir al Señor en todo momento”. Danos tu Pan de Vida, Señor, y también la gracia de asumir lo que implica. No queremos marcharnos, Tú eres nuestra opción.

  •  Las exigencias del seguimiento de Jesús: ¿me hacen vacilar?
  •  ¿He querido marcharme, alejarme, abandonar la oración, porque el Señor exige mucho?
  •  ¿Para dónde acudir? ¿Soy consciente de que sólo en el Señor hay palabras de vida eterna?