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ACOMPAÑAR A JESÚS: RESPUESTA GENEROSA A SU AMOR PRIMERO

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EVANGELIO DE HOY: 17/9/21 (Lc 8,1-3).

Lucas, en el evangelio de hoy, nos presenta una “ventanita” para contemplar a Jesús en su misión predicando el evangelio de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo. Los maestros, en la antigua cultura judía, no contaban con mujeres como seguidoras. Vemos que a Él sí lo seguían, dejándose notar una convivencia saludable con los Doce, la comunidad más íntima de los discípulos. Ha de suponerse que todos los traslados de Jesús en el anuncio de la Buena Nueva implicaban diversos gastos; de ahí la afirmación de muchas que lo ayudaban con sus bienes. Esta actitud será retomada por el apóstol Pablo cuando deja saber que, en la nueva condición cristiana, ya todos somos uno en Cristo Jesús (Cf. Gal 3,28). Dos fundamentos llaman la atención de manera especial:

ACOMPAÑABAN A JESÚS

El verbo “acompañar” en el sentido de esta lectura nos abre un abanico de comprensión; tiene que ver con “estar junto a”, “en relación estrecha”, “compañía”, “camino común”, “proceso”, “sintonía”, “horizonte”… La expresión “acompañaban a Jesús”, denota que Él ponía el norte, la dirección, y los demás la voluntad y disponibilidad para seguirle; identificados tanto con Él como por la obra del Reino.

La vida cristiana no es solitaria; “acompañaban” hace referencia a la vida comunitaria. El verbo, vinculado a las mujeres, recuerda que dicho acompañamiento fue constante y perseverante, fiel, hasta la cruz. Impresiona la cruz de Jesús rodeada de mujeres. Uno se pone a pensar qué sostuvo tamaña fidelidad.

RESPUESTA GENEROSA A SU AMOR PRIMERO

Lucas conserva los nombres de las mujeres más destacadas en el seguimiento de Jesús: María Magdalena, de la que se dice “salieron siete demonios”; expresión que alude a estar totalmente liberada; liberada para amar con la pasión que la distingue. También se menciona a Juana, Susana y otras muchas… Toda la inversión de Jesús por las mujeres: devolverle la dignidad de hijas de Dios, la salud, la vida y su sentido, integrarlas, hizo que éstas amaran sin regateos ni condiciones.

Señor, gracias porque inviertes tiempo y dedicación con cada uno de nosotros y nosotras para que tengamos experiencia de ti. Nos sanas, nos liberas y nos salvas. Estamos agradecidos. Queremos ser generosos y acompañarte, porque estamos convencidos de que eres fuente de vida eterna. Danos la gracia de ser personas perseverantes, como esas mujeres que no se amedrantaron y te acompañaron siempre. No hay camino difícil cuando vamos contigo.

  1. ¿Qué le dice la itinerancia de Jesús a mi vida? ¿Camino con Él, con los demás, en su mismo horizonte?
  2. ¿Qué experiencia de Jesús sostiene mi vida y mi fidelidad a su persona?
  3. ¿Le sirvo a Jesús con todo lo que soy y poseo?