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“SÓLO TENGO EL DÍA DE HOY PARA AMARTE” (Sta. Teresa de Ávila)

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LECTURAS DE HOY: 31/10/21
(Dt 6,2-6; Sal 17; Hb 7,23-28; Mc 12,28b-34)

Las lecturas de este domingo giran en torno a dos mandamientos. Notemos que no se trata de dos sugerencias, ni de dos consejos, sino de dos mandamientos. Éstos reflejan la indivisibilidad entre la unión con Dios y la relación con los demás que, al mismo tiempo, se distinguen en su identidad. Estas palabras, tantas veces escuchadas, siempre tienen algo nuevo que decirnos. Meditemos atentamente:

AMAR A DIOS

En la primera lectura se nos dice que el Señor es “nuestro Dios”. El término “nuestro” nos remite a un Padre y a una comunidad de hermanos. “Es uno”, como uno sólo es el corazón (entendimiento), el alma (respiración), y las fuerzas (ser/recursos) de una persona, a la cual se le manda a volcarse con sus sentidos hacia Dios.

No se le manda al ser humano que ame a Dios como se ama así mismo. Porque Él es Dios y no persona. Él es creador y no criatura. Es eterno, no transitorio. Tampoco se manda a la criatura mortal que le ame con aquello que le es imposible; sino con todo lo que es, con todo, sin reservas, sin regateos, hasta gastarse sin desperdiciar el amor. El salmista ha acogido bien las instrucciones cuando expresa: “Yo te amo, Señor, tú eres mi fortaleza”.

AMAR AL PRÓJIMO

Una vez, alguien dijo: “Yo no tengo problemas ni con Jesús ni con la Virgen María”. Su problema era con los demás hermanos en la convivencia. Las lecturas hoy nos alertan a que las relaciones en el cielo han de reflejarse en la llanura cotidiana de la tierra.

Si se nos manda a amar a Dios como a Dios se ama; al próximo hemos de amarlo como a nosotros mismos, porque somos iguales. El mandamiento también implica que uno se quiera a sí mismo de manera saludable, por ser imagen y semejanza de Dios. Imagen y semejanza que ha de contemplarse en el otro, en la otra. Llama la atención que el escriba, en el evangelio, cuando retoma las enseñanzas de Jesús, añade algo que Él no había dicho: “… amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios”.

Entendemos que para Jesús, amar al prójimo no es sacrificio; pero para nosotros, con tendencias a medir, juzgar, calcular, sí lo es. En la medida en que vamos superando nuestras fragilidades y superficialidades para sumergiendo en las honduras de Dios, así mismo el prójimo nos será más llevadero; la vivencia del amor hace que el corazón se ensanche. Cuando no se pueda amar al otro espontáneamente, se amará por misericordia, por ser hijo o hija de Dios.

Señor: enséñanos a amar. Hoy acogemos el consejo de san Agustín: “Debes vaciarte de aquello con lo que estás lleno, para que puedas ser llenado de aquello de lo que estás vacío”. Llénanos de ti, Señor para como dice la carta a los Hebreos “ofrecernos a nosotros mismos”, así como lo hiciste tú. Queremos entregarnos plenamente, como si sólo tuviésemos este día para amarte a ti y a los demás. Ayúdanos a aprovechar el tiempo amando y sirviendo. Gracias por todas las oportunidades nuevas que nos das.

  1. ¿Cómo entiendo y concretizo el amor a Dios y el amor al prójimo?
  2. ¿Cómo amo cuando no me aman?
  3. ¿Cómo nutrirme de amor, sin mendigar amor, para dar amor?