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“NO HAY SANTO SIN PASADO NI PECADOR SIN FUTURO”

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LECTURAS DE HOY: 1/10/21
(Ap 7,2-4.9-14; Sal 23; 1Jn 3,1-3; Mt 5,1-12a).

En esta solemnidad celebramos la fiesta de todos los santos. La santidad es un mandato: “Sean santos porque yo soy santo” (1P 1,16). El deseo de santidad no es un invento humano; puede entenderse, entonces, como un camino hacia la unión con Dios. Los santos nos dicen que este camino es posible, y nos enseñan cómo hacerlo mediante las lecturas de hoy.

Las bienaventuranzas son camino de santificación, son un proyecto de vida que comienza con:

  1. “La pobreza en el espíritu”: habla de la humildad. La conciencia de la pequeñez y el reconocimiento de la riqueza infinita que es Dios. Todo es gracia. Es ser frágiles cacharros en manos del gran alfarero quien nos diseña según su voluntad.
  2. “Los lloros”: son aquellas lágrimas que nos santifican, porque vienen provocadas por la causa que llora Cristo. No son lágrimas de capricho o de antojos, sino que están impregnadas de amor a Dios y a los demás, nacen de la compasión solidaria.
  3. “El sufrimiento fecundo”: vivido por quienes esperan el Reino que parece dilatarse; se afanan por Él, algunas veces sin resultados, pero persisten sostenidos por la esperanza.
  4. “Hambre y sed de justicia”: aquí ya se vislumbra la dimensión externa de lo que se lleva dentro. La santidad supone más que las actitudes y los sentimientos. También implica el afán porque reine desde ya la justicia de Dios. Es un deseo tan profundo que se compara al hambre y a la sed.
  5. “Misericordia”: está en el corazón del itinerario. Es la cédula de identidad de Dios. Son sus entrañas. Si queremos saber qué tan santos somos hemos de preguntarnos cómo vivimos y practicamos la misericordia. Porque quien ha recibido misericordia está llamado a serlo con los demás.
  6. “Limpieza de corazón”: se trata de vivir con la escoba en la mano, barriendo por dentro y barriendo por fuera. Tanto más se barre más se contempla a Dios en todas las cosas.
  7. “Trabajo por la paz”: todo lo de Dios tiene la paz como distintivo. Entonces quien lleva a Dios siembra paz con sus pasos, su mirada, sus palabras, sus gestos, sus obras.
  8. “Persecuciones, insultos, calumnias”: no hay victoria sin cruz. Quien se tome a Dios en serio ha de prepararse para la prueba. Porque la presencia de quien busca la santidad incomoda, desafía, se vuelve un grito a las conciencias dormidas y de ahí las consecuencias.

Señor: en el Apocalipsis nos muestras el cielo; se observa una inmensa muchedumbre que comparte contigo, con vestiduras blancas y con palmas en las manos. Son los que han vencido las tribulaciones. Y que desde tu morada nos animan a perseverar en la fe y en el compromiso por tu Reino, como ellos lo han hecho. Nos dicen, con el pensamiento del salmista, que desde la tierra ya vivamos como habitantes del cielo, que seamos el grupo que te busca, que camina en tu presencia. Gracias, porque con esta vocación, según afirma Juan, nos asumes como tus hermanos, hijos e hijas del mismo Padre; Señor, en Ti ponemos nuestra esperanza.

  1. ¿En mi vocabulario, en mi corazón, la santidad está en “uso” o en “desuso”?
  2. ¿Cómo entiendo que la santidad y la autenticidad van unidas?
  3. ¿Existe otra cosa más importante que buscar a Dios, buscar su santidad? ¿Qué estoy esperando para unirme a quien me espera?