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PONDEREMOS LA BELLEZA DEL NUEVO TEMPLO: EN LAS “PIEDRAS” DEL AMOR Y DEL SERVICIO EN CRISTO JESÚS

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EVANGELIO DE HOY: 23/11/21 (Lc 21,5-11).

Se nos narra que mientras algunos admiraban la construcción del templo, Jesús intervino advirtiendo que éste será destruido. Al escucharlo, cuestionan cuándo iría a suceder. Jesús respondió no con fechas, sino con acontecimientos que indicarían su proximidad. Meditemos algunos detalles que puedan iluminar nuestras vidas:

Dice el texto: “algunos ponderaban la belleza del templo”; estaban deleitados en la calidad de sus piedras y exvotos… Mientras éstos observaban lo exterior del santuario, Jesús les observaba a ellos mismos, y no quiso dejarles perdidos. Con unas palabras les provocó pensar que la autoridad no está en la belleza, sino en quien la hace surgir y desaparecer. En otro sentido, les aseguró que de lo que admiraban: “no quedaría piedra sobre piedra”.

Ellos se interesaron por saber el día de tal destrucción. Pero nuevamente, el Maestro de los maestros, no dio respuestas, sino que introdujo en el pensamiento profundo, en la reflexión, en el discernimiento. Indicó las señales, motivó a que en vez de observadores pasivos sean contemplativos audaces y sabios… porque muchos acontecimientos irán demostrando que el Nuevo Templo ha de edificarse en una segunda venida: Jesús. Para tal propósito han de desenmascararse falsos mesías y, al mismo tiempo, testimoniar el derrumbe de todo lo caduco, hasta surgir lo genuino y verdadero.

No pocas veces, el escenario de la vida nos presenta “piedras preciosas” que detienen nuestras miradas y frisan nuestros sentidos. Acaparan la atención de tal manera que uno deja pasar la oportunidad de contemplar las señales que Dios nos manda para descifrarlas y acoger su llamado a la conversión. Tanto ayer como hoy, Jesús sigue interviniendo en nuestros estancamientos y deslumbres para hacernos despertar y recordar, que “piedras” son “piedras” y que han de apreciarse en su justa medida para no perder el tiempo, entretenidos en luces que sólo brillan sin iluminar.

Señor: en esta mañana venimos a darte gracias porque siempre nos hace aterrizar de nuestros delirios. ¡Qué oportuno eres, Señor!, vives pendiente de nosotros, como Hermano mayor. Nos conduces de la mano para que seamos hombres y mujeres contemplativos de las cosas santas y eternas. Ayúdanos a no perder el tiempo en lo efímero y transitorio. No permitas que nos despistemos preguntando cuándo será el día de tu venida, sino que cada día amemos y sirvamos como si fuese nuestro fin.

  1. ¿Cuáles “piedras” están llamando mi atención?
  2. ¿Cuáles “piedras” de mi santuario interior han de ser destruidas para que surja la nueva edificación desde Cristo Jesús?
  3. ¿Estoy aprovechando el tiempo para amar y servir?