Mié. Dic 8th, 2021

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DESPERTEMOS EL CORAZÓN Y ALCEMOS LA CABEZA: SE ACERCA NUESTRA LIBERACIÓN

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EVANGELIO DE HOY: 25/11/21 (Lc 21,20-28).

El evangelio de hoy, como en días pasados, sigue portando un lenguaje apocalíptico. Es nuestro reto meditar en la esperanza que desea comunicarnos aún en circunstancias descritas por palabras como: “destrucción”, “huida”, “venganza”, “angustia”, “castigo”, “espada”, “cautiverio”, “enloquecimiento”, “ansiedad”… A pesar de todas esas imágenes anunciadas en el texto para indicar el fin de Jerusalén, el Señor se manifiesta a su pueblo y espera su conversión/liberación.

La Biblia testimonia en varias ocasiones trastornos de la naturaleza, fenómenos y guerras donde pudiera parecer que Dios no existiera o estuviese dormido. Con todo, tales acontecimientos son momentos privilegiados para un despertar de la conciencia. Es una llamada a espabilar los sentidos, porque siempre y en todo momento, Dios habla. En este aspecto, dice el texto de hoy: “cuando vean… sepan que…”.

Nos podemos preguntar: hoy ¿qué estamos viendo?, y ¿de qué nos estamos enterando? En una sociedad amenazada por la anestesia de la indiferencia y del individualismo, el Señor también nos llama a levantar la mirada y a descubrirle en medio de nosotros. Su presencia no es pasiva, busca nuestra liberación. Por eso, importa tener en cuenta esos momentos especiales donde se nos mueve el piso, donde se desmoronan nuestros cimientos, ahí también el Señor nos invita a enderezar nuestras vidas, a alzar la vista y a descubrirle viniendo al corazón.

Ayuda la imagen de una maquinaria pesada para preparar la tierra a ser sembrada. Da esperanza la tierra que, sin importar la condición en la que se encuentre, se deje remover. Nosotros somos ese terreno removido por las embestidas de estos tiempos, cada uno sabrá distinguir la angustia que le acecha, la ansiedad que le amenaza, el cautiverio que le persigue… en estas circunstancias, el Señor se hace presente para rescatarnos y confiarnos en Él.

Señor: te compartimos que, en ocasiones, miramos todo lo negativo que nos rodea; como si estuviéramos una venda en los ojos teñida de pesimismo. Queremos ser diferentes. Despiértanos las pupilas de la fe para contemplarte en medio de todo lo que nos rodea. Deseamos aprender a ver lo bueno, a interpretar los signos de los tiempos y dejarnos conducir. Ayúdanos a ser como esas flores que nacen en medio del fango; que con el tiempo todo el fango se convierta en jardín según tu belleza y majestad.

  1. ¿Qué estoy viendo y qué estoy aprendiendo de lo que veo?
  2. ¿Cómo descubro al Señor hablándome en medio de mis circunstancias?
  3. ¿Cómo ayudo a las demás personas para que “alcen la cabeza” y descubran al Señor viniendo al corazón?

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