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COMO JUAN: CORRAMOS APRISA A LA EXPERIENCIA CON JESÚS

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EVANGELIO DE HOY: 27/12/21 (Jn 20,2-8).

Hoy celebramos la fiesta de Juan, apóstol. Aunque hay diversas opiniones sobre su identidad, vamos a seguir la tradición que lo identifica como aquel a quien Jesús tanto amaba. La consideración, al mismo tiempo, nos permite meditar sobre el perfil y las actitudes de este apóstol, las cuales nos dan la clave para llegar, como él lo hizo, al corazón de Jesús.

Meditando sobre las páginas del evangelio contemplamos a Juan entre aquellos discípulos, dentro de la comunidad de los Doce, que estuvo presente en momentos relevantes de la vida de Jesús: curaciones especiales, transfiguración, agonía en el calvario, al pie de la cruz… Uno de los detalles más destacados de su persona fue en la última cena, cuando recostó su cabeza en el pecho del Señor. Pudiéramos detenernos un poco en esta imagen… escuchó su corazón, sintió sus latidos… A Juan no lo distrajo el qué dirán, sencillamente se dejó llevar del amor y amó a Jesús públicamente y sin complejos… La pasión le fue suficiente para, de manera espontánea, comunicar a los cristianos de todas las generaciones dónde se encuentra la fuente de toda santidad.

Un acontecimiento relevante en la vida de este apóstol fue en la hora pico de la pasión: recibió a la Madre de Jesús. Asegura la tradición que con Ella vivió en Éfeso. Aquí también nos podemos detener, gustar y contemplar. ¿Usted imaginó a este discípulo viviendo con María?.. Ahí, juntos, escudriñando aquellas cosas que Ella guardaba en su corazón y que fue descifrando con los años; y, al mismo tiempo, todas las experiencias que Juan había vivido desde el corazón de Jesús. No por casualidad, de los cuatro evangelistas, Juan es aquel quien se detiene en los misterios más complejos del Hijo de Dios: “La Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros”.

El evangelio de hoy, con todo, nos deja claro que no bastó con que Juan acompañase y viviese tantos acontecimientos con Jesús; tampoco bastó con que tuviera la confianza suficiente para recostarse del Maestro, ni con haber recibido a María…; le fue necesario correr con mucha pasión para ser testigo de Jesús resucitado. Juan nos dice que en la vida cristiana hemos de correr con decisión hacia esta experiencia. Nos advierte al mismo tiempo, sobre la actitud de asomarnos, sin la decisión determinante de entrar y dejarnos envolver por el misterio. Y eso es lo que él enseña: a respetar los ritmos y los tiempos (permite que Pedro entre primero) al sepulcro. Pero luego él entró. La narrativa nos da la clave con dos verbos que, bien asimilados, permiten el enamoramiento profundo de Jesús: “ver” y “creer”.

Oración: “¡Enamórate! Nada puede importar más que encontrar a Dios. Es decir, enamorarse de Él de una manera definitiva y absoluta. Aquello de lo que te enamoras atrapa tu imaginación, y acaba por ir dejando su huella en todo. Será lo que decida qué es lo que te saca de la cama en la mañana, qué haces con tus atardeceres, en qué empleas tus fines de semana, lo que lees, lo que conoces, lo que rompe tu corazón, y lo que te sobrecoge de alegría y gratitud. ¡Enamórate! ¡Permanece en el amor! Todo será de otra manera”. (Pedro Arrupe, SJ).

  1. En esta Navidad ¿he sentido latir el corazón de Jesús?
  2. ¿Me ha asomado al Misterio del Señor o me he dejado envolver por Él?
  3. ¿Cuál es el rumbo de mis correrías? ¿Hacia dónde voy a toda prisa?
  4. ¿Puedo afirmar con mis actitudes de vida que estoy enamorado de Jesús?