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A LA LUZ DE LA PALABRA: UN EXAMEN DE CONCIENCIA

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EVANGELIO DE HOY: 31/12/21 (Jn 1,1-18).

Este último día del año 2021 intentaremos realizar un examen de conciencia a partir de pautas presentadas en el prólogo de Juan. Este balance anual, al mismo tiempo, nos puede servir de impulso para proyectar lo que deseamos ser y vivir en el año entrante. Meditemos:

El evangelista Juan está interesado en dejar clara la divinidad de Jesús como Hijo de Dios. Nos eleva a situarnos y a vivir desde la dimensión trascendente, pues también participamos de ésta; la vida superficial no forma parte de los sueños de Dios. Nos presenta una panorámica de cómo son las cosas desde el principio: “La Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios”. A partir de esta Palabra todo fue creado, muy bueno. Y lo que fue creado, desde el comienzo, según la esencia de la propia Palabra estaba dotado de vida: “había vida en la Palabra”. Nos preguntamos:

  1. ¿He buscado a Dios con seriedad, en este año, meditando en su Palabra, en su existencia, en su llamado perpetuo a la vida de santidad y de justicia?
  2. ¿Qué signos de vida la Palabra ha sembrado en mi? ¿He sido custodio de la vida?
  3. ¿Ha primado en mí esa fuerza que impulsa hacia lo trascendente, hacia lo santo, escapando de las superficialidades?

El prólogo retoma la persona de Juan Bautista, lo distingue como enviado de Dios, testigo de la Luz, para dar testimonio de ella:

  1. En el transcurso del año 2021, ¿he acercado a alguien a la fe, le he animado a perseverar con fidelidad en el seguimiento de Jesús? ¿me he preocupado por los que se han distanciado de la comunidad cristiana?
  2. ¿Mi vida ha iluminado a otros con el ejemplo? ¿he podido ser luz por estar unido a la Luz?
  3. ¿Cuáles tinieblas se han marchado con mi vela encendida?

El texto de Juan afirma que la Palabra “vino a su casa”, unos la recibieron, otros no. Quienes la acogieron nacieron nuevamente como hijos e hijas de Dios, nacidos de Él:

  1. ¿Encontró sitio, el Señor, en mi corazón?
  2. ¿Dentro de mí, Él se ha sentido en su casa? ¿Quién y qué ha nacido en mí?
  3. ¿Los demás han sentido acogida en mi persona, en mi comunidad?

Uno de los momentos más solemnes del prólogo es la afirmación, “La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria…”:

  1. ¿He sido carne de Dios? ¿Se sentido y vivido a su manera?
  2. ¿Lo he contemplado en el rostro de los demás?
  3. ¿Qué cosa buena ha hecho el Señor a través de mí, siendo yo sus manos, sus pies…?

Señor, ciertamente, nos ha tocado un tiempo difícil marcado por intensidad de la pandemia, que nos ha modificado los ritmos y la manera de vivir. Quizás hemos fallado en muchos detalles que para ti son de importancia. Se nos han escapado momentos de caridad, de solidaridad… nos hemos quedado evidente ante nuestras verdades… pero aquí estamos, pasando balance delante de ti con toda la honestidad posible.

Mucha gente querida se nos ha adelantado de este mundo y, la verdad, Señor, no queremos ser indiferentes a tantas partidas que testimoniamos hoy más que nunca. Esto tiene algo que decirnos, y no podemos desperdiciar el tiempo para convertirnos continuamente, porque la única tristeza de esta vida es vivir sin deseos de santidad. Queremos que nos ayudes, con la fuerza de tu Espíritu Santo, a empezar este nuevo año con la firme decisión de ser tu carne, tu Palabra, tu forma y tu figura.

Vivamos juntos, Señor, esta aventura de amor que nos espera en medio de tu pueblo. Queremos ser santos y santas porque tú eres santo.