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PERDONAR ES MEMORIA DE DIOS EN NUESTRAS VIDAS

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EVANGELIO DE HOY: 22/3/22 (Mt 18,21-35).

El pasaje nos presenta el tema del perdón. Se parte de la pregunta que Pedro formula a Jesús sobre cuántas veces ha de perdonar la ofensa de los hermanos. No sólo siete veces, como el discípulo propone, sino hasta setenta veces siete, como señala el Maestro. La parábola con la que Jesús ilustra los fundamentos del perdón nos ayuda a comprender cómo éste acontece y por qué se hace imprescindible en nuestras vidas. Podrían destacarse cuatro momentos:
 
1. NO TENER CON QUÉ PAGAR
 
Cuando un rey quiso ajustar cuentas con sus empleados, uno le debía diez mil talentos, o sea, una cantidad enorme. Observemos los dos roles: uno que cobra lo suyo, y el otro que debe, sin poder reponer. El deudor está totalmente vulnerable. Además, quien exige es el rey, el otro, un empleado. Las brechas se agudizan. La solución del conflicto es la venta del endeudado con toda su familia y sus posesiones.
 
2. IMPLORAR LA PACIENCIA DEL SEÑOR
 
El empleado toma conciencia de que está sin salida. Su alternativa es tirarse a los pies y suplicarle a su señor; le pide tener paciencia hasta pagarlo todo. En este momento el hombre está tocando fondo en su propio ser. Está en aprietos. Espera una respuesta y de ella depende para vivir.
 

VIVIR LA COMPASIÓN DEL SEÑOR
 
Cuando el rey contempló al empleado en el suelo, atormentado, sin horizonte, sintió compasión. Él sólo le había pedido paciencia. Aquí se nos presenta, de manera más evidente, el rostro misericordioso de Dios ante nosotros, sus hijos y sus hijas; no tenemos con qué pagarle. “Si tuviera en cuenta nuestros delitos, quién podría resistir”.
 
4. DEJAR MARCHAR Y PERDONAR
 
Se observa un detalle: el empleado pidió tener paciencia hasta pagar. Pero el rey fue más lejos. Con paciencia sólo iba a esperar el pago lentamente. Pero desde la compasión, sencillamente lo dejó marchar perdonándole. Quedó libre y sin deuda.
 
De estos cuatro procesos, los dos primeros (no tener con qué pagar y suplicar paciencia), el empleado lo experimentó con uno de sus compañeros, que le debía a él mismo. Con todo, ese empleado perdonado truncó las otras dos siguientes etapas en el proceso (no experimentó compasión con su semejante y, consecuentemente, no lo perdonó, tampoco lo dejó marchar.
 
Señor: nosotros contigo hemos vivido todas las etapas en el proceso del perdón. La hemos experimentado. Nos has hecho nacer de nuevo cada vez que salimos del suelo y podemos erguirnos, movidos por tu compasión, para caminar sin peso, en libertad. Es muy bueno y saludable el perdón. Volver a respirar la paz que el alma necesita.

Quita la miseria de ser rígidos con los otros. Por la memoria de lo que has hecho en nuestras vidas, queremos ser ágiles en perdonar. Deseamos que otros también vivan el gozo de tu salvación. Ayúdanos a que seamos felices perdonando. Y líbranos de ofender a los demás. “De ti procede el perdón y por eso infundes respeto”.
 
1. ¿En cuál de esas etapas estoy: sin tener con qué pagar; suplicando paciencia; experimentando la compasión; sintiéndome perdonado?  

2. ¿Me hago rogar para perdonar; sé dejar marchar?

3. ¿He hecho la lista de las cosas que he de perdonar en esta cuaresma y para siempre? ¿No es necesario hacerla porque ya he perdonado todas las ofensas?