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LA UNIÓN CON JESÚS EXORCIZA

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EVANGELIO DE HOY: 24/3/22 (Lc 11,14-23).

Las frases sintéticas del evangelio de hoy dicen: “El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo, desparrama”; éstas se entienden en el conjunto de la lectura donde se nos presenta el escenario del mal y el bien disputándose el espacio. Queda evidente que Jesús es ese “más fuerte”, quien llega, desarma y recupera lo suyo.

Jesús echa un demonio que era mudo. La presencia del Señor en este escenario no es pasiva. Él se involucra, defiende, entabla la guerra. Cuando se enfrenta al mal, no lo hace solo, el dedo de Dios lo acompaña. La Santísima Trinidad se hace presente. En este sentido, se observa un contraste entre la división interna que identifica al demonio, y la unidad indivisible de las tres divinas personas.

Se nos pide a nosotros un claro discernimiento para saber identificar con quién estamos. En el pasaje, por ejemplo, mientras Jesús recupera a una persona dominada por el mal, otros apenas deliberan entre sí, causando tensión, intentando adivinar de dónde le procede tal autoridad; la curiosidad, la sospecha, no le dejan tomar partido. Tenemos, pues, un auditorio ambiguo, disperso, distraído pidiendo un signo, sin darse cuenta que el Reino de Dios ya está entre ellos.

Las hazañas del demonio se confunden con facilidad; él hace las suyas, tiene fuerza para incidir y obrar… Con todo, miremos el resultado de su presencia: deja, en este caso, a la persona muda. Su fuerza no es liberadora, sino que esclaviza. La fuerza de Dios devuelve la palabra, y con ella, la dignidad. Aquí puede ser acogida la expresión: “recoger con el Señor”, que pudiera ser recuperar lo que a Dios pertenece. Esta “recogida”, luego de haber vencido la lucha, no se desparrama, sino que es bien encauzada, para gloria de Dios Padre.

“Todo reino en guerra va a la ruina”. Con esta frase las cosas nos quedan más claras. Donde está la presencia de Dios la paz es la señal inmediata. La paz que trae Jesús hay que conquistarla. Se hace necesario desarmar, expulsar, cortar con todo aquello que provoca división. Todos quisiéramos disfrutar del Reino de Dios, y Jesús nos dice que esto es posible si nos unimos a Él, y con Él caminamos hacia una misma dirección, un mismo horizonte. Yendo con Él de camino y siendo Él el camino, no tendremos temor ninguno, pues recogeremos juntos, sin desparramar.

Con el Salmo 94 rezamos: “Vengan, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva; entremos en su presencia dándole gracias, aclamándole con cantos…”.

  1. ¿Con quién estoy y cómo esto se evidencia en mi vida?
  2. ¿Cómo fortalecer el camino de unión con el Señor?
  3. ¿Cómo interpreto que la unión con Jesús exorciza?