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RASGOS DE LA MISERICORDIA

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EVANGELIO DE HOY: 27/3/22 (Lc 15,1-3.11-32).

Este IV domingo de cuaresma se nos presenta la parábola del Padre misericordioso. En ocasiones hemos considerado la dimensión del hijo que se marcha, y las diversas etapas que éste recorre desde que es seducido por la vida superficial, hasta que toca fondo, recapacita, decide regresar, se deja abrazar y besar, siendo sorprendido por el amor inagotable de su Padre. Esta vez, deseamos recorrer las escenas, algunas veces silenciosas, donde acontece la misericordia. El padre representa la personificación de la misericordia:

RESPETO A LA LIBERTAD

El menor de los hijos dijo al padre: “dame la parte que me toca de la fortuna”. Por la coherencia del pasaje bíblico, puede considerarse la postura de este hombre ante la propuesta del hijo. Ese sabio ya sabía lo que sucedería con esos bienes puestos a disposición de un joven que aún no ha madurado ni ha echado raíces en la vida. Sin embargo, la parábola no dice nada respecto a la reacción inmediata del padre. Sencillamente se afirma que repartió los bienes. Observemos que sólo uno pidió fortuna, pero él distribuyó entre los dos hijos. Ha tenido cuidado en no tocar la parte que corresponde al mayor.

PACIENCIA EN LOS PROCESOS

Detengámonos un poco en la imagen del hijo “juntando todo lo suyo”. Dice el texto que duró unos días en casa luego de recibir los bienes. Reconstruyamos el rostro del padre testimoniando todo, observando. Toquemos su corazón. El cuarto del hijo está quedando vacío. Sus cosas, las que le distinguen, reunidas y preparadas para partir. Aquí sólo puede ayudar a comprender la figura de una madre cuando un hijo se marcha de casa, y no se tiene la certeza para dónde va ni con quién. Seguramente no paraba de dar vueltas, considerando, intentando adivinar los pasos de su muchacho…

CUSTODIA LA MEMORIA Y LA ESPERANZA

Hay un silencio sobre aquello que vive el padre mientras que el hijo estuvo en un país lejano. Hay evidencia de que el padre se mantuvo, en tal ausencia física, en vigilia. Ese señor tenía esperanza de que, una vez sin nada, su hijo regresaría. No le interesaba que llegase con algo, sino que llegase, sin importar las condiciones. Quería tenerlo con vida. Lo que el hijo pensó: “Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre”… nos ayuda a considerar los sentimientos del papá cuando veía a los sirvientes comiendo.

BLANDAS ENTRAÑAS

… cuando todavía estaba lejos su padre lo vio regresar. Esos ojos embelesados en el camino pudieron contemplar la espera hecha realidad. No se sabe qué tiempo pasó. Sólo el necesario para enseñarnos a cada uno la valentía para regresar siempre a la casa del Padre. Notemos que todos los abrazos y los besos que el hijo recibe, lo recibe estando sucio. Sólo después el padre manda a prepararlo para la fiesta.

FESTEJA EL PERDÓN

El padre, casi interrumpe al hijo cuando le está pidiendo perdón. Lo único que le ha hecho romper el silencio ha sido la llegada del hijo. Recuperó la voz para invitar a todos a la fiesta. Es la alegría de quien testimonia a un hijo regresando a la vida, y además, con salud. Todos estaban en la fiesta, menos uno que se negaba a entrar, el hijo mayor.

Notemos que por él, el padre también sale para intentar persuadirlo. Nuevamente la paciencia que ha de tener. Porque este otro no sabe nada de reconciliación, sino de reclamar para sí las atenciones que se han tenido con el hermano. El padre le argumenta las razones por las cuales ha de alegrarse. La parábola concluye y no se sabe si entró o no. La respuesta hemos de darla cada uno de nosotros, ante cada hermano que llega ¿qué actitud tomamos?

Rezamos con el Salmo 33: “Gusten y vean qué bueno es el Señor”.

  1. ¿Qué significa en mi vida la palabra: recapacitar?
  2. ¿He sentido los besos y los abrazos de Dios aun estando “sucio”?
  3. ¿He experimentado momentos donde he pasado de la muerte a la vida, de estar perdido a ser encontrado?