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CREER Y PONERSE A CAMINAR

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EVANGELIO DE HOY: 28/3/22 (Jn 4,43-54).

Al comienzo de esta IV semana de cuaresma se nos presenta el evangelio de Juan. El pasaje bíblico nos habla de un funcionario real quien salió al encuentro de Jesús, en Galilea, para pedirle la salud de su hijo, pues se estaba muriendo. Se destaca en el diálogo las dos veces que dicho funcionario le pidió al Señor que bajase hasta Cafarnaún para curar a su niño. Meditemos:

NO ES NECESARIO BAJAR

Con este funcionario saliendo al encuentro del Señor queda manifiesto que todos tienen acceso a Él, de todos los lugares y de los diversos extractos sociales. Sin embargo, algo en común se nos pide, la fe. Llama la atención que un hombre le dijera a Jesús que bajase con él hasta su pueblo, hasta su casa, por la emergencia; pero esta vez, Él no lo hizo. Recordemos la cantidad de veces que acudió a casa de otras personas cuando le invitaban; en ocasiones, Él mismo invitándose. Esto sucedió porque nos quiere dar una enseñanza.

El funcionario muestra tener fe, pero aún es poca. Su deseo sería tomar a Jesús por las manos y bajarlo hasta su casa, hasta la cama del niño, y que lo tocase. Eso quería. El padre del niño, en su desesperación, se mueve en el plano humano. Quiere tener el control de la situación. Es un hombre acostumbrado, en su servicio, a dirigir, orientar, plantear… pero aquí está ante una autoridad, a otro nivel, en otra dimensión, que él apenas comienza a reconocer…

El reclamo de Jesús llega hasta nosotros: “Como no vean signos y prodigios, no creen”. Pudiéramos decir que el boche sí nos alcanza. No sabemos bien cómo interpretar el silencio de Dios, su manera, su presencia sin aparente respuesta. Es un misterio. Por eso, para el Señor, se hizo necesario decirle al funcionario: “baja”; baja solo. Aprende a caminar confiando, sin nada en las manos, con la sola garantía de la Palabra.

SÓLO ES PRECISO CREER

“Anda, tu hijo está curado”. Jesús no bajó, pero el hombre subió en su fe. Creyó en la Palabra dicha. Y observemos qué hermosa frase se nos da: “y se puso en camino”. Así debemos hacer nosotros. Ponernos a caminar amparados en la confianza plena del Señor. No es necesario llevar a Jesús por las manos a casa. Su Palabra es espíritu y verdad; está en todos lados. Porque su santidad llena la tierra. El funcionario no había llegado cuando los criados salieron a su encuentro para confirmarle que su hijo había sido curado. Se confirma la obra de Jesús. Cada testimonio aumenta la fe. Por eso, en adelante, creyó toda la familia.

Nos ilumina Tomás de Kempis cuando dice: “Dios no ha dado al hombre la suficiente inteligencia para conocerlo todo…; lo que se te pide es una fe sólida y una vida sencilla. Sujétate a Dios y humilla tu juicio a la fe, y se te dará la luz de la ciencia, según te fuere útil y necesaria. Acércate, pues, con una fe firme y sencilla, y llégate al sacramento con suma reverencia; y todo lo que no puedes entender encomiéndalo con seguridad al Dios todopoderoso. Dios no te engaña; el que se engaña es el que se cree a sí mismo con demasía. Dios alumbra a las almas puras y esconde su gracia a los curiosos. La razón humana es flaca, y puede engañarse; mas la fe verdadera no puede ser engañada” (Imitación de Cristo).

Señor: nosotros también creemos pero auméntanos la fe. Despiértanos el gusto por la oración, porque es en ella donde la fe, como una planta, crece. Perdona las veces en que te insistimos que nos mandes signos, que nos des respuestas urgentes… Eso nos da vergüenza. Queremos cultivar una actitud de abandono a tu santa voluntad. Depositar en ti nuestras vidas. Señor, es tan diferente caminar confiando… sólo así se respira; lo otro es agonizar. Hacemos nuestras las palabras del salmista cuando dice: “Sacaste mi vida del abismo, me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa… Cambiaste mi luto en danzas. Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre”.

  1. ¿Cómo está mi confianza en el Señor?
  2. ¿Sé caminar creyendo en su Palabra?
  3. ¿Cómo está mi fe en los sacramentos?