Vie. Jul 1st, 2022

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EL HIJO NO HACE NADA POR SU CUENTA: ¿POR CUENTA DE QUIÉN HACEMOS LAS COSAS?

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EVANGELIO DE HOY: 30/3/22 (Jn 5,17-30).

En el pasaje de hoy Jesús nos expresa de dónde procede la autoridad de su vida, su palabra y su obra. Estos fundamentos ofrecidos invitan a que le escuchemos con seriedad y creamos en Él. Dos veces considera que no hace nada por su cuenta. Aprendamos con Jesús cómo vivir en obediencia santificante.
 
El Hijo hace lo que le ve hacer al Padre. Es un dato que revela la íntima unidad y comunión entre ellos. Este mirar revela el sentido de obediencia. No es un repetir acciones sin sentido; implica honra y respeto. Jesús busca agradarle; lo hace siendo reflejo de su bondad y su misericordia.
 
Jesús asume las tareas que le son asignadas: dar la vida, como el Padre lo hace y, al mismo tiempo, liderar el juicio final. En una relación de amor, para tales fines, el Padre le muestra todo, según su voluntad.  De ahí que los criterios de Jesús no provengan de Él mismo, sino de lo que ve y oye.
 
En este tiempo de cuaresma, se nos invita a considerar quién está gobernando nuestra vida. Con cuáles criterios estamos hablando, actuando, tomando decisiones. Es imposible llevar una vida agradable al Señor, sin unidad con Él. Estamos en un momento propicio para despertar esta sensibilidad espiritual, que nos lleve a constatar la necesidad de pasar por el cedazo del discernimiento todos nuestros pensamientos y nuestras acciones.
 
Observemos que, desde el comienzo del texto Jesús dice: “Mi padre sigue actuando y yo también actúo”. Los verbos están en presente; ellos están aquí en nosotros y con nosotros, por la gracia del Espíritu Santo. Se hace necesario entonces preguntarle al Señor: ¿cómo vamos?, ¿cómo lo hacemos?, ¿qué quieres que hagamos?, ¿cómo respondemos en este momento, a esta situación concreta?, ¿hacia dónde vamos?… Luego de las cuestiones planteadas prosigue el silencio. Ese silencio contemplativo, místico, pausado, para desear ver y escuchar como Jesús lo hace… sin otro fin que obedecer.
 
Dios Padre, en su Hijo Jesús, nos ha ofrecido todos los medios necesarios para que no nos perdamos; están garantizados para nuestra salvación. No tenemos excusas. Su Palabra se nos da cada día en el evangelio. Los sacramentos son faroles celestiales que alimentan la voluntad de santidad. Hemos de recurrir a guías espirituales que nos ayuden a depurar lo que es nuestro propio imaginario, de aquello que es la voluntad de Dios.
 
Señor, nadie que busque la santidad, se guía solo. Jesús nos da una seria lección de humildad. Queremos dejar de hacer cosas por nuestra propia cuenta. Sé tú nuestra fuente y referencia; porque como dice el salmista: El Señor es fiel a sus palabras, bondadoso en todas sus acciones. Sostiene a los que van a caer, endereza a los que ya se doblan. Es justo en sus caminos. Cerca está el Señor de los que lo invocan sinceramente. 

  1. ¿A quién estoy viendo y escuchando para inspirar las acciones de mi vida?
  2. ¿Por cuenta de quién hago las cosas?
  3. ¿Qué supone acoger la voluntad de Dios en mi vida? ¿Qué precio he de pagar? ¿Qué recompensa he de recibir por ello?