Sáb. May 28th, 2022

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“SABER” LAS COSAS DE DIOS ES NECESARIO: SABOREARLAS, EN LA “PRÁCTICA”, ES FUNDAMENTAL.

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EVANGELIO DE HOY: 12/5/22 (Jn 13,16-20).

El pasaje de hoy inicia diciendo: “Cuando Jesús acabó de lavar los pies a sus discípulos…”. Tengamos en cuenta que su enseñanza viene luego de su testimonio, después de haber predicado con el ejemplo, lo que da valor y autoridad a sus palabras. Prosigue afirmando: “El criado no es más que su amo, ni el enviado es más que el que lo envía”. Jesús les aclara “Puesto que saben esto, dichosos ustedes si lo ponen en práctica”.

Meditemos en la diferencia de esos verbos pronunciados por Jesús: “saber” y “practicar”. Si buscamos en su sentido griego, “saber” (eídos) está vinculado con “percibir”, “reconocer”, “comprender”, “entender”… En nuestras vidas sabemos muchas cosas, hemos leído mucho, también hemos aprendido tanto… hemos tenido bastante formación integral, en cursos, talleres, capacitaciones… Jesús hace diferencia entre el “saber” y el “practicar aquello bueno que se sabe”. Este “practicar”, con el sentido de “procurar”, “esforzarse”, “diligenciar”… Es el camino que lleva a la bienaventuranza: “dichosos ustedes si lo ponen en práctica”.

Lo que Jesús acababa de hacer era un servicio de los criados, “lavar los pies”; y Él, siendo el Señor, lo ejercía. El actuar de Jesús estaba sujeto, al mismo tiempo, a la voluntad de aquel que lo había enviado, el Padre. Jesús, entonces, es el primer bienaventurado, ya que sabiendo la voluntad de Dios, la hacía fielmente.

Jesús sabe bien a quien ha elegido, pero entre los mismos elegidos no todos alcanzan a ser “dichosos”, “bienaventurados”, “supremamente bendecidos”, “afortunados”. De ahí se entiende la frase que Él cita para iluminar su experiencia con un discípulo: “El que compartía mi pan me ha traicionado”. Pudiéramos sacar provecho de esta expresión y considerar que cuando nos nutrimos de las cosas del Señor, y no nos esforzamos por hacerla vida, también estamos defraudando su confianza.

Jesús nos invita a recibirle a Él, que es recibir a su Padre. Lo recibimos integrando estos dos valiosos verbos en nuestras vidas: “saber” y “practicar”. El Señor nos quiere compartiendo con Él la dicha de los bienaventurados hijos de Dios.

 Con el Salmo 88 rezamos: “Cantaré eternamente el amor del Señor, anunciaré por siempre tu fidelidad”.

1. ¿Cómo hago vida aquello bueno que voy aprendiendo cada día?
2. ¿Cómo ejercitar las virtudes en mi diario vivir?
3. ¿Cuáles cosas tengo claras, pero me cuesta practicar?
4. ¿Qué hago para superar aquello que estanca el proceso hacia la bienaventuranza?