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CLAVES PARA CULTIVAR EL DON DE LA PAZ.

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EVANGELIO DE HOY: 17/5/22 (Jn 14,27-31a.).

El pasaje de hoy nos permite meditar sobre el camino a emprender para cultivar el don de la paz. Intentaremos hacer una relectura a partir de este propósito tan necesario para nuestras vidas:

“La paz les dejo, mi paz les doy; no se la doy yo como la da el mundo”. La paz es un don, un regalo, que sólo Jesús puede dar. Esta gracia comienza por dentro, apunta hacia la reconciliación personal y comunitaria. Observemos dónde Jesús la ofrece: en la comunidad de los discípulos, todos reunidos, en unidad, en torno al Señor. El escenario donde se pronuncia es importante, porque nos señala a todos nosotros hacia dónde dirigirnos para también experimentarla. Esta declaración nos hace pensar en las falsas rutas que en ocasiones buscamos para conseguirla.

Con el don de la paz, Jesús desea que “no tiemble el corazón ni se acobarde”, independientemente de las circunstancias. Notemos que este mismo pasaje advierte sobre el “príncipe de este mundo”; mientras que Jesús siembra paz, una señal del maligno es crear agobios, confusiones, peleas y divisiones. (“La paz les dejo”) busca que sea testimoniado el amor, la relación sana entre los hermanos; a su vez, (“mi paz les doy”) parece señalar al interior de la persona; se trata del propio Jesús ofreciéndose, naciendo dentro, en la fuerza del Espíritu Santo. Lo que se lleva por dentro se refleja por fuera.

“Si me aman se alegrarían de que vaya al Padre…”; la “alegría” es signo eficaz de la paz que habita en el corazón; y ésta está relacionada con la fe… “sigan creyendo”. No se puede conservar la paz en la duda, en la incertidumbre, en la vacilación del compromiso cristiano. Tengamos claro que la fe sólo se alimenta con la oración. Esto recuerda, como otras veces se ha dicho, lo que un día dijo Santa Teresa de Calcuta a un teólogo quien le preguntó qué había hecho ella para estar a donde está. Le respondió: “Comencé con el silencio, el silencio me llevó a la oración, la oración a la fe, la fe al amor, el amor al servicio y el servicio a la alegría”.

Finalmente, y no menos importante, el pasaje nos da una señal fundamental para acoger y conservar el don de la paz: “Lo que el Padre me manda yo lo hago”. Se trata de la obediencia. Uno no puede ir por la vida haciendo lo que le venga en gana, sin discernir, sin consultar, sin someterse a la sana confrontación para descubrir la verdad de las cosas. Cuando nos disponemos a hacer la voluntad de Dios el corazón conserva la paz, porque el Señor nos asume responsablemente con todo lo que somos y con todo lo que nos encomienda.

Oramos con la palabras del Salmo 144, que también nos añade otra clave para cultivar el don de la paz: “Que tus criaturas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fieles; que proclamen la gloria de tu reinado, que hablen de tus hazañas”.

1. ¿Si le hiciera una radiografía espiritual a mi interior cómo lo describiría?
2. ¿Dónde está la paz que me ha dado el Señor? ¿La he cultivado, se ha descuidado, qué la amenaza?
3. ¿Cómo estoy sembrando paz en mi vida, en las demás personas, en la comunidad?