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JESÚS NOS ENSEÑA A: «CERRAR Y ABRIR» CAPÍTULOS EN LA VIDA.

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EVANGELIO DE HOY: 25/5/22 (Jn 16,12-15).

El discurso de despedida de Jesús, que venimos rumiando desde hace días, también nos enseña a cerrar capítulos en la vida. Él no se ha apegado a sus discípulos. No se marcha con pesar. Intenta mostrar, con esperanza, la necesidad de seguir el vuelo. Él sabe abrir las manos, el corazón, desprenderse, dar continuidad a lo que sigue. ¡Cuántas cosas tenemos que aprender de Jesús! Sabe que ha llegado el tiempo de recogerse, y lo hace pacíficamente; sin embargo, no lo hace desentendido de la obra, la cual no culmina, sino que adquiere nuevas dimensiones.
 
Jesús no sólo sabe cerrar capítulos, sino que es maestro en abrirlos también. Recordemos que se trata de Personas. La Segunda Persona de la Trinidad le abre paso a la Tercera, según la voluntad de quien es la Primera. Jesús nos la presenta, porque la conoce como nadie. Tendrá una misión particular en la historia, novedosa hasta el momento. Por eso, la muestra con cariño, diciéndonos los rasgos que la van a identificar. De esta manera, y con estas características, será fácil para nosotros reconocerla en su actuación.
 
“Muchas cosas me quedan por decirles, pero no pueden cargar con ellas por ahora”. Con esta afirmación se nos dice que sólo con el auxilio divino del Espíritu Santo podemos adentrarnos en los misterios profundos que Cristo nos revela. Por eso le llama “Espíritu de la Verdad”. Él es la promesa que viene como chorro de luz para iluminar nuestras mentes oscuras, confusas, dispersas… Él tiene “la llave” para abrir la puerta.
 
Jesús nos lo presenta con toda la dignidad posible, para que lo acojamos con alegría. Nos enseña a ser humildes en su presencia, porque el Espíritu nos guiará como a niños y niñas, que no saben con seguridad el camino. Su función es, entonces, conducirnos con firmeza. Se hace voz y memoria de Cristo en nuestras vidas. Él ejercita interiormente nuestros sentidos. No deja a la mitad del trayecto, sino que orienta hasta la verdad plena. La verdad plana es el mismo Jesús, lo más íntimo de su ser. Solos no llegamos hasta ahí.
 
“Lo que hable no será suyo”. El Espíritu no tiene otra palabra a no ser la que el Hijo ya ha dicho, y que pertenece al Padre. Él es música de fondo que nos conviene escuchar y obedecer.  
 
Oramos al Espíritu Santo: ven en nuestro auxilio, ven a purificar nuestro entendimiento. Danos centralidad de corazón. Que con tu luz se dispersen las tinieblas que obstaculizan nuestro camino hacia la unión con Cristo. Danos el gusto por la santidad, sin excusas, sin complejos, sin regateos. Queremos ser gente de una sola pieza, firme, determinada, con esperanza, discípula misionera, de esas que, como Jesús, cierran y abren capítulos. Estamos aquí y estamos a tiempo. Necesitamos hacer esa limpieza para recibirte con mucha alegría. El Señor no bromea con su promesa, siempre renovada.
 
1. Para empezar de nuevo, con la fuerza del Espíritu ¿qué capítulos de la vida debo cerrar?
2. ¿A quién le debo abrir capítulos para que se sume a la obra del Señor?
3. ¿Creo que estoy en la verdad o necesito ser conducido a ella?