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¿PIENSAS ESCALAR EL CIELO? MILAGROS, CONVERSIÓN Y JUICIO.

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EVANGELIO DE HOY: 12/7/22 (Mt 11,20-24).

Jesús, en el evangelio de hoy, recrimina tres ciudades: Corazaín, Betsaida y Cafarnaún, porque fueron escenarios del Anuncio del Reino y no reaccionaron al mismo, convirtiéndose. Hay tres palabras clave que nos auxilian para una meditación personal, a partir de nuestras vidas:

1.    MILAGROS

 En Jesús, los signos del Reino iban siendo cada vez más visibles. Sus milagros son signos de Revelación “adaptados a la inteligencia de todos” (CIC: 156). De manera pedagógica, dichas manifestaciones, algunas veces sutiles, discretas, otras extraordinarias, están cargadas de santas intenciones. Buscan anunciar, también con obras, que el Reino está en medio de nosotros y que Jesús es el Señor de la historia.  
 
Jesús cuestiona las ciudades de Corazaín, Betsaida y Cafarnaún porque vivieron un embotamiento espiritual, ante toda la inversión que Él hacía. Las compara con otras ciudades, tenidas como paganas que, aunque en comparación de “los panes” servidos a los hijos, sacaron provecho de las “migajas” de tiempo con Jesús: Tiro y Sidón.
 
Nos podemos preguntar, a la luz del pasaje, con qué actitud vamos caminando en el día a día; es preciso constatar si nuestros ojos están despiertos a las sencillas y magníficas manifestaciones de Dios, que nos rodean por todas partes. ¿Qué miramos cuando miramos? ¿Cómo sacar provecho de los mensajes que el Señor nos envía? ¿Vamos con la conciencia despierta?    

2.    CONVERSIÓN

El serio cuestionamiento a dichas ciudades llega porque no tuvieron reacción ante el Anuncio del Reino. No se les movió el corazón. No organizaron sus vidas, no cambiaron de rumbo ni de manera de pensar. Siguieron indiferentes, como si Dios no existiera. Si no les interpeló la persona de Jesús ni el mensaje, tampoco hicieron penitencia. No se purgaron. Perdieron el tiempo y con éste, su salvación.
 
Un reflejo de la conversión son los procesos penitenciales, los que el pasaje menciona como “cubrirse de sayal y ceniza”; que en nuestro caso sería, “un corazón arrepentido”, “humilde y humillado”, con deseos y decisión de reparar el daño cometido, disponiéndose a nacer de nuevo. Cada uno sabrá qué está haciendo con las luces que el Señor le ofrece para cambiar lo que hay que cambiar. 

3.    JUICIO

El pasaje nos deja saber que nuestras actitudes tienen consecuencia. No se le puede echar agua al evangelio para simplificarlo, para ponerlo enteramente dulce, como si esto fuese un juego. No se puede sacar el “juicio final” de las páginas del evangelio, porque nos quedamos incompletos. Como en estas ciudades, algún día, nos exigirán cuentas de las oportunidades que dejamos pasar. “¿Piensas escalar el cielo?”, esta pregunta que el Señor hizo a Cafarnaún, nos la hace a nosotros también.
 
Señor: queremos pedirte perdón por las veces que hemos llevado una vida superficial y distraída de tu llamada y compromiso. Danos pupilas de fe, que nos permitan descubrirte en los milagros cotidianos de la vida, en la respiración, en la sonrisa sincera, en la ternura… Danos discernimiento para olfatear tu presencia acompañándonos discretamente. Que ante tu bondad nuestro corazón se estremezca y sienta profundos deseos de conversión. Nosotros también queremos escalar el cielo.