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Falleció el cardenal George Pell

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El cardenal falleció como consecuencia de complicaciones tras una operación de cadera. Tenía 81 años. Era prefecto emérito de la Secretaría de Economía desde febrero de 2019. Obispos australianos: «Su impacto en la Iglesia continuará»
Salvatore Cernuzio – Ciudad del Vaticano

El cardenal australiano George Pell, Prefecto emérito de la Secretaría para la Economía, falleció el martes 10 de enero, hacia las 21 horas, en Roma. Tenía 81 años. El purpurado murió a causa de complicaciones cardíacas surgidas tras una operación de cadera programada desde hacía tiempo. Hace unos días había concelebrado los funerales de Benedicto XVI en la plaza de San Pedro.

En Roma tras el juicio en Australia

Pell -que sufría desde hace tiempo problemas cardíacos y tenía implantado un marcapasos desde 2010- se encontraba en Roma, adonde había regresado en septiembre de 2020, dos años después de someterse a un juicio en Australia por acusaciones de abusos sexuales a menores en la década de los ’90. En junio de 2017, el cardenal había sido puesto en prisión preventiva y había regresado a su país para ser juzgado. El Papa Francisco le había concedido un periodo de licencia para poder defenderse de las acusaciones. Tras un largo procedimiento judicial, el Tribunal del Condado del Estado de Victoria había ordenado la detención del cardenal, revocando la libertad bajo fianza que se le había concedido tras su imputación en diciembre de 2018. Condenado en marzo de 2019 a seis años de prisión, el Tribunal Supremo de Australia, a la vista de los numerosos defectos formales en los procedimientos del juicio señalados por el juez Mark Weinberg, admitió la solicitud de apelación presentada por los abogados de Pell. El cardenal fue así completamente exonerado por una sentencia del Tribunal Superior en abril de 2020. El fallo fue acogido con satisfacción por la Santa Sede, que afirmó en un comunicado que siempre había confiado en la autoridad judicial australiana.

La experiencia en prisión

Antes de su absolución, Pell pasó 404 días en una celda en dos prisiones de máxima seguridad en Melbourne y Barwon entre febrero y julio de 2019. Fue una experiencia dura, vivida durante un tiempo también en régimen de aislamiento, de la que el cardenal había relatado todos los detalles en una serie titulada «Prison Journal». «Diario de una prisión’, publicado por Ignatius Press. En más de 300 páginas, Pell, basándose en sus notas diarias, relató sus encuentros con otros presos, las visitas y cartas que recibió, y la oración y la Eucaristía que le acompañaron durante su encarcelamiento. «Mi experiencia demuestra cuánto nos ayudan las enseñanzas de la Iglesia, cuánto ayuda rezar, buscar la gracia de Dios», dijo en una entrevista con Radio Vaticano – Vatican News, en la que también explicó que escribió continuamente durante su encarcelamiento porque «pensé que podía ser de ayuda para los que están en dificultad, para los que están pasando por un momento de sufrimiento, como el que yo pasé». Entonces -añadió- pensé que llevar un diario tendría algún interés desde el punto de vista histórico, porque no había muchos cardenales que hubieran vivido la experiencia de la cárcel».

El trabajo en la Curia Romana

Nacido en Ballarat, Victoria, en 1941, arzobispo emérito de Sídney y luego de Melbourne, el cardenal había sido llamado por el papa Francisco el 13 de abril de 2013 a formar parte del Consejo de Cardenales para estudiar un proyecto de reforma y ayudarle en el gobierno de la Iglesia. El 24 de febrero de 2014 había sido nombrado prefecto de la recién creada Secretaría de Economía, iniciando una serie de reformas financieras. Había dejado los dos puestos en diciembre de 2018 y febrero de 2019, respectivamente.

El recuerdo del Papa

De vuelta a Roma, el Papa había recibido al Cardenal en el Palacio Apostólico el 12 de octubre de 2021. En aquella ocasión, Francisco había agradecido a Pell su «testimonio». En la entrevista prenavideña con Mediaset, el Pontífice había recordado el trabajo realizado con previsión por el cardenal en el ámbito económico, señalando que debido a una «calumnia» -en referencia a las denuncias de abusos en Australia- había tenido que «dejar esta administración». «Fue Pell quien hizo el esbozo de cómo podíamos avanzar», dijo el Papa. «Es un gran hombre y le debemos mucho».

Condolencias de la Iglesia australiana

En las últimas horas han llegado numerosos mensajes de condolencia, empezando por los líderes de la Iglesia australiana. El arzobispo Timothy Costelloe, presidente de la Conferencia Episcopal, expresó su tristeza al conocer el «inesperado fallecimiento» de Pell, quien -escribe en un comunicado- «proporcionó un liderazgo firme y claro dentro de la Iglesia católica en Australia, como arzobispo de Melbourne y arzobispo de Sydney y como miembro de la Conferencia Episcopal durante más de 25 años». «El impacto del Cardenal Pell en la vida de la Iglesia en Australia y en todo el mundo seguirá sintiéndose durante muchos años. Mientras le recordamos y reflexionamos sobre su legado, invito a todos los católicos y demás personas de buena voluntad a unirse en oración por el Cardenal Pell, un hombre de fe profunda y perdurable, y por el descanso de su alma», escribe Costelloe.

Por su parte, el arzobispo de Sydney, Anthony Fisher, recuerda al cardenal como «un excelente sacerdote, una buena alma cristiana». «El lema episcopal del cardenal Pell era ‘No tengan miedo’ y, en los días buenos y en los malos, se aferró a estas palabras como un hombre valiente con gran corazón que confiaba en la providencia divina», se lee en el mensaje. «Proclamó sin miedo el Evangelio y se esforzó para explicar las enseñanzas de la Iglesia. Decía la verdad tal como la encontraba, aunque fuera difícil o impopular. Fue también un hombre de oración, un hombre de profunda fe cristiana, y un cariñoso pastor de su rebaño en parroquias, escuelas, hospitales y en toda su diócesis». Fisher también recuerda que los últimos años de la vida de Pell «estuvieron marcados también por su injusta condena y encarcelamiento, pero lo soportó todo con gracia y buena voluntad», subraya, «y nos dio a todos un ejemplo de cómo aceptar el sufrimiento con dignidad y paz». Sus palabras de reconciliación con sus detractores y su preocupación por los sobrevivientes se hicieron cada vez más genuinas a medida que mantenía con firmeza y éxito su inocencia».

Fuente: Vatican News