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SI NOS FALTARA LA FE

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LECTURAS DE HOY: 28/1/23
(Hb 11,1-2.8-19; Sal Lc 1,69-75; Mc 4,35-40).

Las lecturas de este día giran en torno a la fe. ¿Qué sería de nosotros si este don nos faltara? Comenzando por la carta a los Hebreos intentaremos considerarlo: viviríamos en la inseguridad, sin confianza para persistir en las promesas del Señor. La fe nos permite avanzar, mantenernos creyentes, aún sin demostraciones. No se puede caminar en obediencia si falta la fe. Ésta permitió a Abrahán partir de su casa, de su patria, sólo con la palabra que el Señor le había dado. ¿Usted imaginó salir sin saber a dónde se va, sólo con la convicción que nunca quedaría defraudado?
 
Si nos faltara la fe, uno se pondría a construir su propia “casa”, su propio proyecto de vida. Con la fe damos paso al Señor para que Él sea el arquitecto y constructor de la obra. Si nos faltara la fe estaríamos siempre caducando. Pero con ella, renovamos las fuerzas, como Sara, quien pensó estar cerrando párrafos de vida, y el Señor le hizo abrir nuevos capítulos. La fe renueva los años, revitaliza la experiencia; aprueba un sí continuo al Señor, siempre que Él quiera y lo disponga.
 
Si no viéramos la promesa, pero morimos con fe, es como si la hubiésemos contemplado. Porque la fe nos permite confiar que hay otra vida futura, más plena. Si nos faltara la fe viviéramos en desánimos constantes, con ganas e impaciencia para que el Señor resuelva las cosas antes de nada. La fe nos lleva a morir en paz, porque desde la tierra de los vivos se puede ver y saludar. La fe nos dispone a entregarlo todo y quedarnos sin nada; porque quien lo pide todo, sabe de qué va a llenar el vacío.
 
Si nos faltara la fe no nos atreveremos a tomar una barca por medio de las tormentas. Pero por ella, por esta virtud tan necesaria, no nos amedrentan ante las fuertes olas que arremeten para hundirnos. Ya pudiera nuestra embarcación estar casi llena de agua, con olas gigantescas que busquen ahogarnos, ya pudiera parecer que el Señor duerme mientras perecemos… pero la fe hace que uno se asegure de Él como único refugio de salvación. La fe hace que el temor huya delante de una autoridad mayor que le dice – ¡cállate! Y no hagas tanto ruido.

Esta vez, sólo una pregunta se hace necesaria, la misma que Jesús hizo a sus discípulos: ¿Aún no tienen fe?
 
Santo Tomás de Aquino, ruega por nosotros.