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AQUÍ ESTOY, SEÑOR: PARA HACER TU VOLUNTAD.

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LECTURAS DE HOY: 25/3/23 (Is 7,10-14; Sal 39; Hb 10,4-10; Lc 1,26-38).

Hoy celebramos la anunciación del Señor. Su llegada a la historia humana comienza con un anuncio, visualizado por la profecía: “Dios con nosotros”. La frase encierra un misterio de amor. El hecho de que Él esté con nosotros quiere decir que se ha dado a conocer. Está cercano, accesible, se identifica, y camina con su Pueblo; su persona y providencia no pasan desapercibidas. Lo más decisivo, su presencia tiene un propósito, no está por estar. Nos da a conocer su voluntad.
 
¿Qué implica hacer la voluntad de Dios? El Salmo 39 nos ayuda a comprender que la presencia de Dios entre nosotros exige dejarnos abrir el oído. ¿Cómo vamos a conocer su voluntad si no lo escuchamos? ¿Qué vamos a obedecer si no sabemos sus deseos? El salmista nos enseña que una de las fuentes para conocer la voluntad de Dios es su Palabra. Conocer lo que a Dios agrada es puerta de entrada al sacrificio y al martirio cotidiano.
 
Al Señor le gusta este santo sacrificio, el hacer su voluntad. Los sacrificios y las ofrendas externas, que no mueven el corazón, lo dejan indiferente. En cambio, la abnegación propia para agradarle a Él es valiosa a sus ojos. Abrir la boca para promover su causa, siendo fiel a lo que el Espíritu tatúa en el corazón, esto hace feliz al Señor.    
 
El Sí de una joven llamada María ha permitido la encarnación y con ésta la máxima Revelación de la voluntad de Dios en la historia expresada en Jesús. Llama la atención la actitud mariana: “Aquí estoy/aquí está…”, como lo hicieron los hombres y las mujeres de grandes experiencias místicas y proféticas del Antiguo Testamento. Muestra disponibilidad absoluta, prontitud y respeto, negación de sí. El “Hágase” de María manifiesta la obediencia como valor supremo de quien se dispone a hacer la voluntad de Dios.
 
Señor: te pido la gracia de amarte más, porque si te amo me esforzaré en hacer tu voluntad. De la misma manera en que la Virgen María te mandó a decir con el ángel que ella era tu esclava, así te digo, Señor, en mi pobre oración, que estoy disponible para ti. Toma en serio este ofrecimiento que, con humildad y temor, te hago. Como el salmista, afirmo que esto es lo que quiero, pues llevo tu Palabra en mis entrañas. Que la obediencia de Cristo en la cruz anime nuestra fe.
 
1.  ¿Qué aprendo de la obediencia de Jesús y de María? 
2. ¿Me he interesado en conocer la voluntad de Dios para mi vida? 
3. Y una vez que descubro la voluntad de Dios en mi vida ¿estoy dispuesto a realizarla?