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EL DON DE LA LIBERTAD.

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EVANGELIO DE HOY: 29/3/23 (Jn 8,31-42).

La libertad, no pocas veces mal entendida, no es hacer lo que uno quiera con su vida, cuando le venga en gana. No es libertinaje ni disponer las cosas al antojo propio. Tampoco es licencia para pecar. En el evangelio de este día, Jesús nos instruye en cómo ser libres.

SI SE MANTIENEN EN MI PALABRA.

Importa destacar la forma verbal “mantenerse”, que presupone perseverancia, determinación… teniendo como base y fundamento la Palabra de Dios y el Magisterio. La persona que ha recibido la libertad que sólo Cristo puede dar, no se apoya en su propio pensamiento. Se deja conducir, orientar y gobernar por una verdad más alta.
 
No es fácil esta comunión íntima con la Palabra, porque exige sacrificio y sobre todo, mucho amor, pasión honda. Por eso el Señor nos habla de “mantenerse” hasta contemplar el propio amanecer de la esclavitud a la libertad.  

…SERÁN DE VERDAD DISCÍPULOS MÍOS.

Nadie se hace discípulo de “boca” ni de manera aislada. El discípulo no se forma fuera de una comunidad cristiana. El verdadero discípulo se foguea en la fidelidad constante. Le gusta aprender y ser instruido. La humildad y el discipulado son compañeros de camino. El discípulo y la discípula se dejan moldear por la Palabra.

CONOCERÁN LA VERDAD Y LA VERDAD LES HARÁ LIBRES.

Mantenerse en la Palabra y mantenerse en Jesús es la misma cosa. El discípulo mantiene en Jesús el corazón reposado. Jesús es la verdad que se da a conocer. El Señor premia en gracia y virtud a quien hace de Él su morada. Conocer es comprometerse. El conocimiento de Jesús implica ser otro Jesús con Él mismo. Unión con Él.

La verdad que hace libre es Jesús. La libertad no se consigue por las propias fuerzas. Por las fuerzas personales uno se hace esclavo; pero no puede gestionarse la libertad verdadera. La verdad nos hace libres, Jesús.
 
Señor: dame esa libertad que vives. Eres libre para amar y servir. Libre para darnos a conocer los misterios del Padre. No te detiene nada, ni siquiera la muerte de cruz para obedecer sufriendo. Ayúdame a ser libre, negándome a mí misma, para acoger tu verdad. Sin la libertad que viene de ti es imposible servirte con dignidad. Con las manos atadas poco se puede hacer. Dame conocimiento de tu Palabra, dame luz y discernimiento. Dame convicción honesta para permanecer en tu Palabra.

1. ¿Dónde permanece mi corazón, mi mente, mi pensamiento? 
2. ¿Qué estoy buscando conocer? ¿Lo que deseo conocer me esclaviza o me hace libre? 
3. ¿Mi conocimiento de Jesús va en aumento? ¿Qué me dice Jesús sobre lo que Él conoce de mí?