Mar. Abr 16th, 2024

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ATRÉVETE A NACER DE NUEVO.

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EVANGELIO DE HOY: 17/4/23 (Jn 3,1-8).

El evangelio nos narra la situación del fariseo llamado Nicodemo, quien fue a ver a Jesús de noche. El aspecto de “la noche” es sugerente; trae la imagen de lo que se vive antes de nacer en Cristo Jesús. En este contexto, ¿cuáles serían los rasgos de la persona que aún vive en la noche?
 
Como Nicodemo, la persona que vive en la noche siente atractivo por el Señor, pero no se atreve a expresarlo. Le atrae el seguimiento, pero también sigue presa del qué dirán, del cómo lo verán. Quien vive en la noche no se atreve a expresar su pensamiento públicamente. Está condicionada, encogida por dentro; tiene temor de arriesgar. No ha dejado que el agua, que mana por dentro, siga su cauce; intenta detenerlo. La noche no le permite ser transparente y, en consecuencia, no es libre. Sin embargo, cuando es de noche existe la esperanza de contemplar el nacimiento del amanecer. Y Nicodemo, a pesar de todo, nos muestra el camino para que nazca el sol en nuestras vidas: salir al encuentro con Jesús, y dejarnos iluminar por Él.
 
“¿Cómo puede nacer un hombre siendo viejo?”. Uno se acostumbra a decir: “he sido así desde pequeño”, “me han criado así”… como si las mañas y las costumbres adquiridas en el camino son inherentes a la persona. ¿Cómo se puede nacer cuando la estructura mental está rígida? ¿Cómo nace cuando uno mismo se ha encerrado y sellado en un horizonte caduco? ¿Cómo salir de la noche propia al día que el Señor ofrece? Cuando falta el Espíritu Santo nos envejecemos. La vejez comienza cuando no hay novedad de Cristo en nuestras vidas.
 
El evangelio nos presenta el secreto de la eterna juventud: nacer de agua y de Espíritu. Es nacer desde la identidad bautismal, y la confirmación de la fe. Es la docilidad para que el Señor haga en nosotros una nueva creación. En la nueva creación ya no se gobierna la propia persona, sino que se deja conducir según la voluntad de Dios.  
 
Dios, como al salmista, nos dice: “Tú eres mi hijo: yo te he engendrado hoy”. Gracias, Señor, por ser “útero materno” en nuestras vidas. Cuando pensábamos que ya estábamos definidos y acabados nos hace nacer. No se habla de cambio, sino de un nuevo nacimiento. Gracias, Señor, por la oportunidad de conocer a la persona que ha nacido, en ti, dentro de nosotros mismos.

1. ¿Soy, como Nicodemo, de la gente que sale de “noche”, por temor a que lo vean? 
2. ¿Me siento viejo o vieja? ¿Soy joven por fuera y envejecido por dentro?    
3. ¿Puedo afirmar que, he entrado en Cristo, y he nacido de nuevo? 
4. ¿En qué se nota en mí el nuevo nacimiento?